Todo se paga

¿Cómo es posible que dejemos de trabajar por los enormes problemas económicos y sociales en que se encuentra El Salvador por la sencilla razón que pueden más nuestros egos que la generosidad de usar el poder para conseguir el bien común?
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Me permito por ello hacer una reflexión sobre la necesidad de dejar de lado la soberbia que atropella a quien se pone por delante, aun teniendo la razón, para recobrar una sana autoestima que nos permita dialogar y progresar en la democracia.<p> “El orgullo auténticamente negro y diabólico”, según el escritor Michelle Esparza, “viene cuando desprecias tanto a los demás que no te importa lo que piensen de ti. Sin duda, está muy bien, y a menudo es un deber, en no importarnos lo que los demás piensen de nosotros, si lo hacemos por razones adecuadas; por ejemplo, porque nos importe muchísimo más lo que piense Dios. Pero la razón por la que al hombre (mujer) orgulloso (a) no le importa lo que piensen los demás es diferente. Él (ella) dice: ¿Por qué va a importarme el aplauso de esa gentuza... ¿Soy acaso de esas personas que se ruborizan de placer ante un cumplido como una niña en su primer baile?... No, yo soy una personalidad integrada y adulta...”. Esta falsa independencia y autosuficiencia aísla de los demás y nos deshumaniza. La persona autosuficiente da pero no se da; hace favores pero con cierta frialdad mientras no comprometa su interioridad. Esa malsana independencia orgullosa enturbia las relaciones entre colegas, empleados y empleadores; entre hijos y padres; mandatarios, ciudadanos y en especial las relaciones amorosas, evitando que lleguen a alcanzar una alta calidad de amor.</p><p>Quienes viven en mala relación consigo mismos, si tienen una gran fuerza de voluntad, pueden quizá sacrificarse y respetar la libertad ajena, pero se toparán con grandes dificultades a la hora de hacer una buena acción, pues la mancharán con su orgullo, al hacer las cosas sin rectitud de intención, solo por voluntarismo o por lograr fama y ser reconocidos. Acaba cumpliéndose lo que dice el refrán de que se convierten en “candil de la calle, oscuridad de la casa”.</p><p> ¿Podemos esperar un liderazgo humilde de alto nivel en las esferas políticas, sociales y económicas? Yo creería que sí, pues de otra forma tendríamos que dejar de esperar en nosotros mismos, pues ellos son el reflejo de una sociedad. Kant describió que existe el político moral, que rechaza el pragmatismo cínico pero que no cae en la moralización ingenua. Un político humilde y honesto es alguien que considera la política como una herramienta para alcanzar el bien común. Sabe que con frecuencia es necesario ser paciente y seguir una política de metas parciales sin perder de vista los objetivos más amplios... La prueba más dura llega cuando debe defender ideas que no son populares pero que son las correctas. No todos aprueban ese examen, sobre todo cuando se acercan las elecciones. No obstante, solo los políticos soberbios y deshonestos equiparan la política con la popularidad exclusivamente... Solo cuando los políticos apoyan la decencia de los demás pueden estar seguros de que en momentos críticos para el Estado lograrán superar sus diferencias. (Ideas tomadas de Aleksander Kwasniewski, expresidente de Polonia.)</p><p>&nbsp;</p>

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