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Todos debemos ser gestores de futuro, y eso exige que seamos en primer término motores efectivos de presente

Hay que estructurar toda una maquinaria de cambio cuya dinámica esté en sintonía con las oportunidades y las demandas de la hora actual.

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La realidad en la que hoy estamos inmersos los salvadoreños es una especie de rompecabezas histórico cuyas piezas se van moviendo más por los impulsos de esa misma realidad que por voluntades específicas, especialmente de poder, como sucedía en el pasado, y sobre todo en los tiempos más recientes. Lo que está pasando pues en todos los ámbitos del escenario nacional debería inducirnos más que nunca a emprender análisis de fondo sobre todo lo que se experimenta en el día a día, para impulsar desde ahí los cambios verdaderos que se vuelven cada vez más inaplazables, y que desde luego no tengan el carácter artificioso que la palabra "cambio" encarnó en épocas anteriores, sino que abran de veras nuevas perspectivas de aquí en adelante.

La atmósfera en la que ahora tenemos que movernos todos ya no es producto de una cuadriculación inducida por los viejos esquemas del poder; hoy lo que realmente importa es que cada quien –cada individuo, cada organización y cada sociedad– se incorpore a la dinámica de la transversalidad globalizadora que va disolviendo fronteras y abriendo caminos para que el presente se vuelva presencia en el exacto sentido de la palabra. Esto, aunque corresponde a la línea de los nuevos tiempos, no se da ni puede darse por impulso mecánico: hay que estructurar toda una maquinaria de cambio cuya dinámica esté en sintonía con las oportunidades y las demandas de la hora actual.

En nuestro país, la irrupción del cambio ha venido de la mano con los nuevos desplazamientos del pensar y del sentir ciudadanos. La gente en realidad ha querido siempre habitar un ambiente en el que la prosperidad pueda desplegar todas sus potencialidades puestas al día. Y en tal sentido, los liderazgos nacionales de todo tipo tienen que demostrarle cotidianamente a la población que se hacen eco vivo tanto de sus aspiraciones como de sus expectativas. Aquí no hay por dónde perderse, pues las señales y los mensajes del tiempo se encargan de graficar la ruta y de orientar el rumbo.

Durante largo tiempo la opinión ciudadana recogida en las más variadas encuestas se mantuvo firme en señalar que El Salvador iba por el rumbo incorrecto. Ha habido muy recientemente redefiniciones políticas que han puesto la conducción nacional en manos diferentes a las tradicionales, y es muy oportuno continuar indagando sobre lo que piensan los ciudadanos respecto del rumbo que vamos tomando. Ahí se va a calibrar de manera más confiable lo que está sucediendo en el ambiente político, no sólo por las opiniones de la competencia política sino también, y con mayor relieve, por las percepciones de este pueblo que es el sujeto primario en el ejercicio de la vida nacional.

Es el justo momento para identificar de modo interactivo tanto el presente como el futuro, poniendo en este enfoque actualizado la visión que los tiempos traen consigo, y que es a la que todos tenemos que acogernos porque es la llave de la creatividad en vigencia. Ya no hay ninguna excusa para mantenerse a margen de la fecundidad de los tiempos, porque es ahí donde se generan y se almacenan los insumos del mundo nuevo y del país que va a su lado.

Es preciso atender todos los signos y reclamos de esta nueva realidad en movimiento cada día más explícito e intensivo. Los jóvenes, que están ahora en la vanguardia del proceso evolutivo, son los que dan la pauta con creciente participación comunicativa. Aprovechemos esta nueva configuración del terreno histórico para orientarnos definitivamente por ese rumbo correcto que debemos identificar con la pista de nuestro destino.

Tags:

  • poder
  • análisis
  • cambio
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