Todos deben entender que la democracia efectiva exige sana interacción

Volvemos a hacer un llamado al buen juicio y a la responsabilidad de todos los que ahora mismo están inmersos en esta disputa tan perjudicial para el proceso del país y para la vida nacional.
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<p>&nbsp;</p><p>La trampa en que está metido en este momento el sistema institucional del país en su más alto nivel, que es el de las cúpulas de los tres órganos fundamentales del Gobierno, se ha generado por una cadena de errores en la conducta de aquéllos que conducen dichos órganos. Como hemos señalado con insistencia en diversas oportunidades, para funcionar adecuadamente dentro de un esquema democrático que se desenvuelva realmente como tal se requiere que todos los actores en juego, y en especial los políticos, actúen bajo el principio del autocontrol. La ley establece atribuciones, pero éstas se plasman en conductas, que deben ser autocontroladas.</p><p>La Constitución establece: “El poder público emana del pueblo. Los órganos del Gobierno lo ejercerán independientemente dentro de las respectivas atribuciones y competencias que establecen esta Constitución y las leyes. Las atribuciones de los órganos son indelegables, pero éstos colaborarán entre sí en el ejercicio de las funciones públicas”. No hay por dónde perderse. Los dos términos claves son independencia e interacción. Pero aquí habría que precisar: independencia no significa arbitrariedad; interacción no significa subordinación. Independencia es ejercicio autocontrolado del poder e interacción es cooperación responsable y respetuosa.</p><p>Hay que decir sin tapujos que en el incidente actual en que participan, cada quien a su manera, las cúpulas de los tres órganos fundamentales del Gobierno, lo que primero brilla por su ausencia es el autocontrol. La Sala de lo Constitucional comenzó por convertir su legítima independencia en una trinchera, y bien se sabe que las trincheras siempre son invitaciones a la batalla. Los que se sentían afectados por decisiones de inconstitucionalidad formaron a su vez su propia trinchera, y a la primera oportunidad desataron su propia batalla. Hoy estamos en plena refriega, y cuando las cosas llegan a ese punto siempre es muy difícil restablecer los fueros de la razón. </p><p> De esta situación tan lesiva para la institucionalidad y tan dañina para la estabilidad y para la imagen del país ya deberían estar quedando lecciones, que ojalá sean reconocidas y asimiladas por todos los actores en juego, en especial los principales gestores institucionales y políticos. En primer lugar, que si no hay autocontrol en el ejercicio de las respectivas atribuciones se está siempre en la ruta directa hacia el conflicto. En segundo lugar, que hay que abandonar toda trinchera y pasar al entendimiento razonable. En tercer lugar, que en todo caso hay que aplicar la lógica democrática del presente y desechar la lógica autoritaria del pasado. </p><p>A lo largo de este incidente, que podría seguir agravándose si las trincheras no ceden, se ha hecho un despliegue de descalificaciones, de acusaciones y de contraacusaciones, que está ya en el plano de lo absurdo. Como que se quisiera volver a aquel ejercicio de percepciones tan común y tan perverso de la preguerra y de la guerra: todo el que no está conmigo es aliado de las “fuerzas del mal”. Por esa vía se llegó al conflicto bélico; hoy, dicha “lógica” ya no puede llevar ahí, porque las condiciones objetivas no lo permiten, pero sí se puede conducir al colapso de la institucionalidad democrática, que necesita consolidarse en vez de degradarse.</p><p>Volvemos a hacer un llamado al buen juicio y a la responsabilidad de todos los que ahora mismo están inmersos en esta disputa tan perjudicial para el proceso del país y para la vida nacional. </p><p>Hay que restablecer el orden institucional, porque cualquier “victoria” que lo vulnere es un atentado. </p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p><p>&nbsp;</p>

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