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Todos nos podemos equivocar, señor ministro

Lo menos que puede decirse es que la selección del licenciado Tharsis Salomón López Guzmán como ministro de Economía
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Lo menos que puede decirse es que la selección del licenciado Tharsis Salomón López Guzmán como ministro de Economía fue una de las mejor recibidas en el país, por cuanto es un conciliador natural entre partes en conflicto y porque su peso profesional y experiencia en el sector privado le dan la capacidad de facilitar diálogos y posibles acuerdos entre el gobierno y las gremiales de los empresarios. Quizás su mayor reto habrá sido tratar de conciliar las realidades de la economía con la motivación ideológica que tanto pesa en la dirección del Estado y del partido. Sin embargo, los hechos demuestran que esto último produce resultados negativos, cuando se ignora a las voces que tratan de evitarlo. Es de suponer que el licenciado López Guzmán sea una de esas voces, las que antes del cataclismo anunciado pudieron advertir que ninguna política justifica exceder el gasto sobre los ingresos más allá de lo prudente e imprescindible. Cuestión de lógica y de conciencia.

Un pecado del Gobierno y del partido es tratar de confrontar siempre a los que tienen recursos económicos y a las mayorías que carecen de ellos, para hacer cumplir el enunciado marxista de la lucha de clases. De ahí que desde la cúpula se toman decisiones que no solo afectan presuntamente a los que tienen, sino que hacen más pobres a los pobres y reducen el potencial de empleos que el país requiere para sus jóvenes. Esta no es una apreciación ideológica, sino lo que estamos viviendo en carne propia. En orden a estas ideas, pese al equilibrio que se le atribuye a las posiciones del señor ministro de Economía, este anuncia que los subsidios a los servicios eléctricos y de agua serán suprimidos en zonas de altos ingresos y mantenidos en las de ingresos menores. A priori eso suena como una medida de justicia social, pero no lo es porque resulta materialmente imposible determinar si todos los que viven en un sector tienen altos o bajos ingresos. ¡Por favor, no fabriquen otro lío!

Tomemos como ejemplo a la colonia emblemática de altos ingresos, la Escalón, donde –créalo o no– la mayoría de sus pobladores tienen entradas económicas medias o bajas. Esto lo puede corroborar el señor ministro con gran facilidad, investigando en el terreno. De igual manera, investigando en zonas de menor nivel, la sorpresa será que muchos de sus pobladores hasta tienen propiedades por otros lados, buenos ingresos y cero pago de impuestos al Estado.

Le contaré una historia reciente al señor ministro, sobre uno de sus antecesores mejor calificados: el doctor en economía e ingeniero Héctor Dada Hirezi. Como ministro y con la mejor intención del mundo, él trató de focalizar el subsidio del gas con más equidad, pero el proyecto se resbaló de sus manos precisamente porque no todos los que parecen pobres son pobres, ni todos los que parecen ricos son ricos. Desde luego establecerlo con precisión requiere censos que son costosos y en este país no hay ni siquiera un censo nacional de población desde 2007. O sea que los ministerios y secretarías del área económica, como el que está a cargo de don Tharsis Salomón, navegan sin radar; no tienen el conocimiento actualizado del número, densidad, estratos y ubicación de los habitantes del país. Trabajan sobre proyecciones y estimados demográficos que pueden o no aproximarse a la realidad.

El ministro López Guzmán ha afirmado salomónicamente que “lo que no se conoce se le tiene miedo”; pero más miedo puede producirnos, señor, lo que sí conocemos y lo que se nos viene encima.

El hogar salvadoreño promedio no puede gastar más de lo que le ingresa o seguirán desintegrándose las familias.

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