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Todos tenemos que aprender a manejar inteligentemente el tránsito de los tiempos, sobre todo en este hoy tan complejo

Estamos, pues, en un El Salvador que, en este presente tan novedoso en tantos sentidos, no acaba de reconocerse como una plataforma puesta abiertamente de cara al futuro.
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Todos tenemos que aprender a manejar inteligentemente el tránsito de los tiempos, sobre todo en este hoy tan complejo

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Los que tenemos el privilegio de haber vivido varias etapas sucesivas de la contemporaneidad podemos dar testimonio de los cambios significativos que se han dado y se siguen dando en todos los planos de la realidad tanto nacional como internacional. Basta recordar, contrastándolos, el mundo de la bipolaridad y el mundo de la globalización para poder dar fe de ello. En el ámbito ideológico hemos pasado, mundialmente hablando, de las concepciones convertidas en dogmas a las proyecciones encarnadas en flujos. Durante los años 40, 50, 60, 70 y 80 del recién pasado siglo la suerte de la humanidad parecía encerrada en esa disyuntiva sin escapatoria: capitalismo o comunismo encapsulados.

De pronto, y sin dar señales de alerta, la bipolaridad mundial se disolvió ante nuestros ojos, como si hubiera sido una ficción sin bases reales. Algunos hablaron del “fin de la historia”, queriendo ponerle a la ficción extinta un epílogo de ficción. En realidad, lo que estaba ocurriendo –y eso podemos verlo cada vez con mayor nitidez– era un salto evolutivo, con mucho de gimnástico pero también con bastante de profético. Parecía que la historia se había cansado de “darse paja” a sí misma y estaba intentando soltar sus cabos para moverse con más naturalidad. No han pasado ni siquiera 30 años desde aquel 1989 revelador, y la historia contemporánea aún está estirándose para ganar flexibilidad luego de un largo soponcio.

No nos cansaremos de traer a cuento que el fenómeno salvadoreño de aquellos no tan lejanos días se encontraba ya en sintonía cronológica casi perfecta con el fenómeno global redireccionado. La bipolaridad implosionó ostensiblemente en noviembre de 1989 y nuestro conflicto bélico interno, que en buena medida había sido una dependencia de la “Guerra Fría” entre las superpotencias bipolarizadas, estaba ya entonces en su fase final, que culminaría en enero de 1992. La “Guerra Fría” se hallaba en respirador artificial y nuestra realidad interna comenzaba a respirar por su cuenta. ¿Cómo se había producido aquel empalme sorprendente cuando sólo un poquito antes eso se habría considerado inverosímil? La energía histórica es más creativa de lo que imaginamos.

Estamos, pues, en un El Salvador que, en este presente tan novedoso en tantos sentidos, no acaba de reconocerse como una plataforma puesta abiertamente de cara al futuro. En gran medida, las dificultades de manejo de la realidad que estamos teniendo que sobrellevar derivan de no estar adiestrados para realizar con espontaneidad y eficacia las tareas que exige la evolución. Durante muchísimo tiempo parecíamos anclados en lo de siempre, sin querer darnos cuenta de que lo verdaderamente real es el movimiento evolutivo. La vida nos está adiestrando sin pedirnos permiso, y de ahí provienen los tropezones y los forcejeos. Ante eso, que no tiene escapatoria, lo único factible es entender señales y asimilar lecciones.

La fórmula idónea para que los salvadoreños podamos encarar nuestra propia experiencia a fin de convertirla en verdadero ejercicio de vida podríamos resumirla de manera simple en un término: “inteligencia funcional”. Durante todo este tiempo lo que hemos puesto en acción es la manía improvisadora, que es una fórmula ingenua y perversa de facilismo intrascendente. Lo que necesitamos es análisis y planificación, en todo y para todo, de tal manera que podamos asumir en serio la responsabilidad de ser país, con todo lo que ello representa y significa en estos tiempos. Ni nosotros somos piezas sueltas del país ni el país es un mosaico a nuestra disposición. El país y nosotros tenemos un solo destino, con identidad y con proyecciones.

Afortunadamente, y aunque eso signifique un compromiso traumático en tantos sentidos, la evolución nos está poniendo pruebas a diario. Pruebas de intuición y de conocimiento, de responsabilidad y de creatividad. Ser salvadoreño en estos días es un examen constante, y eso es lo que a muchos les produce urticarias incómodas y resistencias desproporcionadas. Pero si las cosas se ven con ánimo de autorrealización –tanto en lo personal como en lo colectivo– lo que se abre es un catálogo de opciones que van desde lo local hasta lo global, con las interacciones que ahora son posibles. Aunque parezca cuesta arriba, lo que en definitiva decide es la voluntad de emprender la marcha ascendente.

Los tiempos han cambiado, están cambiando y continuarán haciéndolo. Es cuestión de ordenar el paso dejando atrás la obstructiva tendencia de ir a saltos. Olvidémonos de las lamentaciones inútiles y pasemos a las aspiraciones esperanzadas.

Tags:

  • globalizacion
  • bipolaridad
  • guerra fria
  • planificacion

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