Tolerancia

“Estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. La famosa frase irrumpió esta semana en las redes sociales, como una forma de expresarse alrededor del atroz ataque al semanario francés Charlie Hebdo, en el que 12 personas fueron asesinadas.
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Retomo la frase por la fuerza que para mí tiene, que siempre ha tenido, aunque en medio del caos que se vivió tras los ataques, muchos replicaran un error común, de adjudicarle la autoría a Voltaire. En realidad, la autora es una biógrafa del autor francés, la británica Evelyn Beatrice Hall. Y la expuso en el libro “Los amigos de Voltaire” publicado en 1906.

La idea de la biógrafa era retratar el pensamiento del francés, un férreo defensor de la tolerancia, esa palabra que repetimos a menudo y practicamos poco. “Respeto a las ideas, creencias o prácticas de los demás cuando son diferentes o contrarias a las propias”, dice la Real Academia Española.

Y retomo el tema, cuyo debate sigue ardiendo, porque está lleno de ambigüedades, porque por más que discutamos no existen verdades absolutas. Sobre todo si discutimos como solemos hacerlo, queriendo convencer a la contraparte de que nuestra postura es la mejor, más aun, la correcta.

Donde mejor se plasma es en el enfrentamiento que se ha dado entre el “Je suis Charlie” (Yo soy Charlie) y el “Je ne suis Charlie” (Yo no soy Charlie).

Y es que el que retoma cualquiera de estas dos frases tendrá razón, porque tiene derecho a creer o no en una idea. A muchos puede no gustarles las publicaciones del semanario, parecerles subidas de tono, irrespetuosas, islamofóbicas, pero eso no justifica ninguna acción violenta.

Los países desarrollados bastante se jactan de las formas en las que han aprendido a lidiar con sus diferencias, con la ley, por ejemplo. Si no me gusta no lo compro, si me ofende lo demando. No le disparo a quien lo creó.

El debate debe entonces estar en cómo enfrentamos lo que no nos gusta, cómo debatimos las ideas que no compartimos y que incluso puedan ofendernos.

Lo que no está en discusión y no podemos aceptar bajo ningún punto de vista es que atacar y callar con balas sea lo correcto. Simplemente no podemos, no debemos justificarlo. Todo lo demás es discutible, todo lo demás es cuestionable, todo lo demás puede ser incluso reprochable.

Y tanto allá en Francia, como en este país, tenemos demasiada tarea pendiente sobre la tolerancia, la tolerancia política, la social, la religiosa, la sexual.

Ojalá y este doloroso ejemplo nos ayudará como sociedad a entender que hay mucho que cambiar, que no podemos seguir enquistados en ideas que consideramos absolutas, ni creyendo que solo lo que digo yo y creo yo es santa palabra. Y entonces el énfasis: defender que podamos decir lo que tenemos derecho a decir, y defender ese derecho, aunque no nos guste lo que oímos.

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