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Tomarles el pelo

San Diego – Ahora que estamos en el nuevo año los 52 millones de latinos de la nación deben tomar una resolución –no volver a confiar nunca más en el presidente Obama cuando se trata de la inmigración.
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En primer lugar, a juzgar por su récord legislativo en el Senado de Illinois y en el de EUA a Obama los inmigrantes y la inmigración nunca le importaron. Solo valora el tema como una cuña para utilizarlo contra los republicanos y aparentar ser comprensivo.

Si analizamos sus comentarios durante las primarias demócratas de 2008, no era la situación de los inmigrantes ilegales, sino que los empleadores podrían usar la mano de obra ilegal para pagar jornales más bajos a los trabajadores estadounidenses.

Existe una narrativa en el Partido Demócrata que sugiere que los afroamericanos y la clase obrera se verán perjudicados por la competencia de los inmigrantes.

Las políticas de Obama surgen de esa idea y no ayuda a que el presidente rinda cuentas en cuanto a la inmigración el hecho de que los republicanos sean tan desastrosos en ese tema.

Tampoco ayuda que haga lo que haga, siempre tendrá apoyo latino, como cuando se ganó el asombroso 71 por ciento del voto hispano en su reelección.

Cuando se trata de Obama y la inmigración, los latinos han sido engatusados muchas veces.

Y las maniobras jugadas muestran un nivel de deshonestidad y falta de respeto rayano en el desprecio. Incluso su promesa de perseguir una reforma migratoria en los próximos meses no debe tomarse al pie de la letra.

Vean solo lo que ocurrió con las deportaciones. Que los inmigrantes ilegales que no deberían estar aquí se vean forzados a salir no es malo. Lo malo es la forma en que el gobierno está manejando ese proceso y el hecho de que la motivación de mucho de lo que hace es política.

En el año fiscal 2012, que finalizó el 30 de septiembre, se llevó a cabo una cifra récord de 409,849 deportaciones.

Esa cifra representó un aumento, comparada con el año anterior, y se logró a pesar de los muy cacareados cambios en las reglamentaciones, que se suponía debían reducir las expulsiones de aquellos indocumentados trabajadores y respetuosos de la ley.

El gobierno intenta nuevamente afirmar que muchos de los deportados eran culpables de delitos mayores, sin decirnos que, por ejemplo, bajo la actual ley federal, una persona deportada que vuelve a entrar en el país ha cometido un delito mayor.

Obama pasó mientras hacía la campaña para obtener votos latinos acusando a los republicanos de demonizar a los inmigrantes ilegales al llamarlos “aprovechadores” y prometiendo hallar la manera de que permanecieran en Estados Unidos. Hasta pintó la solución de Mitt Romney, de reducir los puestos de trabajo para que los inmigrantes ilegales se “auto-deportaran”, como cruel.

El gobierno no practica la auto-deportación, permitiendo que los inmigrantes ilegales decidan su propio destino; en lugar de eso, hace redadas y los deporta, dividiendo familias y enviando a miles de niños nacidos en Estados Unidos, hijos de padres indocumentados, a hogares de acogida.

Esto va ¿en serio? Y ¿qué esperaban? Mucho de todo esto es su culpa. No deberían haber sido tan crédulos y suponer que un presidente demócrata “los respaldaba” en inmigración.

Ignoraron la primera regla en el trato con políticos de cualquier partido –olvídense de lo que dicen y observen lo que hacen.

Y cuando se trata de la inmigración, Obama hace mucho daño y perjudica a mucha gente. Una y otra vez, se ha manipulado el asunto. La verdad se ha tergiversado. Se ha ofrecido a los inmigrantes falsas esperanzas. Y los electores latinos han sido engañados.

En este tema, Obama actúa con increíble cinismo. Es el malo a quien le gusta fingir que es el bueno. Hace lo que cree que necesita hacer para su beneficio a corto plazo, y después trata de cubrir las huellas presentando los hechos en forma falsa y aprovechándose de lo fácil que es engañar a los que lo apoyan.

Es una farsa de primera. Y es probable que continúe –porque el farsante se ha salido con la suya.

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© 2013, The Washington Post Writers Group

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