¡Tomémonos la política!

<p>El Salvador ha enfrentado crisis más complejas que la protagonizada actualmente por la Sala de lo Constitucional y la Asamblea Legislativa. Esas profundas problemáticas sociales tienen como raíz histórica abusos de poder similares a los que hoy vivimos. Lo más certero es visualizar este debate institucional como una causa que desembocará y agravará otros problemas sociales.</p>
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<p>En el país ideal habría sido más sencillo que la Asamblea Legislativa acatara las sentencias dictadas por la Sala de lo Constitucional para cerrar ese capítulo y concentrar esfuerzos en resolver otros retos de país como el desempleo, la pobreza, la violencia, etc.</p><p>En El Salvador eso habría sido lo más sensato, pero no es tan fácil para los diputados seguir el rumbo estipulado por la Constitución. Seguir ese rumbo equivaldría a perder el juego del poder político.</p><p>El choque entre la Sala de lo Constitucional y la Asamblea Legislativa se pudo haber evitado perfectamente si se hubiera tenido voluntad.</p><p>No era preciso llegar a los límites de la confrontación, no era necesario acudir a un tribunal regional, caldear los ánimos, recurrir a las calumnias verbales. Entre noticias y noticias hemos observado al FMLN lanzar a Sigfrido Reyes como “kamikaze” contra la democracia; por su parte, ARENA aprovechando el campo “perfecto” para plantearse como “víctima inocente”.</p><p>Ante estos hechos, a un grupo jóvenes nos ha resultado difícil no indignarnos. La democracia es el sistema que escogimos para convivir y desarrollarnos como sociedad. Puede que seamos jóvenes para recordar las décadas de conflicto armado, pero estamos conscientes de que el fortalecimiento y la independencia de poderes son algunos de los principales logros de nuestros Acuerdos de Paz.</p><p>Hemos sido pocos. Cada conciencia que se organiza nos sabe a victoria sobre la indiferencia. No voy a exagerar cifras. No diré que somos cientos, miles, ni millones, pero cuando nos reunimos se respira autenticidad. Nos conocimos en las calles, en las plazas, en foros universitarios, en pláticas de amigos de esas que “arreglan y desarreglan el mundo”, algunos al principio solo reconocíamos nuestras fotos de perfil en redes sociales. En poco tiempo hemos aprendido a dejar de lado nuestras diferencias para unirnos en un fin común: mejorar los procesos ciudadanos para defender la Constitución.</p><p>Este proceso ha estado lleno de profundas reflexiones personales. El sistema nos enseñó que debíamos crecer y competir para enriquecernos, que nuestra comodidad y bienestar individual debe estar por encima de cualquier causa social. Quienes nos critican se sentirían complacidos si les fijáramos a ellos como enemigos. Sentimos decepcionarlos, porque nuestros ojos se han fijado más alto, y los enemigos que hemos identificado son la corrupción, la desigualdad, la indiferencia, la desinformación, la falta de transparencia. Entre nosotros no hay héroes, aquí solo hay ciudadanos jóvenes tomando conciencia.</p><p>Como nuestra actitud beligerante se queda corta frente a la de otros grupos, tenemos una convocatoria pacífica pero radical: ¡vamos a tomarnos la política! Hay que promover una invasión masiva de los ciudadanos a los partidos políticos, a los procesos comunitarios, a las instituciones de gobierno, a las organizaciones no gubernamentales. Hagamos una nueva revolución de ciudadanos que rompan el plano individual y se sumen apasionadamente a las causas de país.</p><p>&nbsp;</p>

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