Tomemos conciencia plena de que en nuestro país la inseguridad tiene al presente en jaque y al futuro en vilo

La desbordada inseguridad en la que estamos inmersos cotidianamente tiene que ser el principal argumento para superarla con valor y con responsabilidad...
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Tomemos conciencia plena de que en nuestro país la inseguridad tiene al presente en jaque y al futuro en vilo

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Tomemos conciencia plena de que en nuestro país la inseguridad tiene al presente en jaque y al futuro en vilo

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Si hay un factor que determina actualmente la vida nacional y el vivir de prácticamente todos los salvadoreños ese factor es la inseguridad que se padece a diario en los diversos espacios y direcciones del mapa social, con efectos devastadores en aumento. Aunque la inseguridad siempre ha estado presente en las más variadas formas a lo largo del tiempo en nuestro ambiente, nunca como hoy ha tenido el peso determinante que la caracteriza en esta época de posguerra, lo cual abre de entrada un capítulo de interrogaciones sustanciales sobre los motivos de tal estado de cosas, que como tal no tiene precedentes.

¿Qué pasó para que al concluir el conflicto bélico, que fue un desgarramiento tan profundo en tantos sentidos, en vez de pasar a la etapa de las cicatrizaciones sanadoras entráramos en esta racha incontenible de nuevos trastornos destructivos? Esa es la pregunta del millón cuando vivimos flotando de crisis en crisis, al borde del ahogo a cada instante.

Aunque la cuestión amerita análisis detenidos y minuciosos, en los que deben participar la ciencia y la experiencia, sí es válido y de seguro necesario que cada uno de nosotros, los salvadoreños de cualquier condición y nivel, nos planteemos esta temática en busca de algún tipo de respuestas propias, que nos orienten hacia el propósito común, que debe ser la búsqueda de nuevas metas de país y el trazo de nuevas rutas hacia ellas. Cuando se habla de “cambio de rumbo” se hace referencia al que resulta de la conducción nacional principalmente política; pero en verdad lo que estamos necesitando es cambiar el rumbo de la nación como ente con destino propio. Pero volvamos a la pregunta planteada, y a una pregunta colateral de gran importancia: ¿Dónde están las raíces de la inseguridad que nos agobia en tantos sentidos?

La complicadísima condición estructural en que ha vivido inmersa la sociedad salvadoreña desde siempre asumió identidad política durante una época muy prolongada. Pareció entonces que la solución posible sólo podía lograrse por esa vía, y al no haber transformaciones pacíficas se activó el recurso bélico. La guerra fue un choque no sólo de fuerzas militares sino también, en el fondo, de sistemas excluyentes. Pero la solución militar no pudo darse, y entonces concluyó el conflicto con una fórmula política, que transfirió el tratamiento de la problemática estructural hacia la etapa siguiente. ¿Y qué ha pasado en esta etapa, que lleva más de un cuarto de siglo? Que la problemática estructural no resuelta ha reconducido su creciente conflictividad derivada haciéndola pasar del ámbito político al ámbito social, que es en el que ahora se manifiesta en forma de actividad expansivamente criminal.

Cuando decimos que en nuestro país la inseguridad tiene al presente en jaque y al futuro en vilo en verdad estamos buscando destacar, con todo el dramatismo que se requiere, la urgencia de ir en búsqueda inmediata de los tratamientos idóneos y eficientes para que la profunda problemática estructural del país entre en vías de solución real, integral y sostenible. Y dicha problemática es multidimensional, porque no se reduce, como muchos quisieran, sólo al ámbito económico, sino que abarca muchas áreas de la realidad donde se suman lo social, lo cultural, lo educativo y lo ambiental, entre otros factores.

Hay que sumar entonces otra pregunta: ¿Qué tendríamos que hacer los salvadoreños para no continuar atrapados en la máxima inseguridad de todas que es la que se refiere al desconcierto sobre las formas válidas de enfrentar ese desafío extremo? En primer término, dejar de lado toda tentación excluyente y radical para entrar al terreno de la racionalidad activa. En otras palabras, empezar por recuperar la seguridad en nosotros mismos, como ciudadanos y como gestores de destino nacional, para emprender la tarea básica de luchar contra la inseguridad que nos rodea. Sólo sobre esa base puede haber confianza y esperanza.

El Salvador necesita rehabilitar sus energías propias para ponerlas al servicio del progreso y del desarrollo. Este es un propósito que debe ser asumido sin complejos ni evasivas, como corresponde a los grandes objetivos vitales. La desbordada inseguridad en la que estamos inmersos cotidianamente tiene que ser el principal argumento para superarla con valor y con responsabilidad, porque mientras ella logre imponerse no habrá energías que se hagan valer ni proyectos constructivos que puedan salir adelante. La cuestión es de supervivencia en todos los sentidos imaginables.

Tags:

  • inseguridad
  • metas
  • rumbo
  • guerra
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