“Tortuguismo reumático” y “compromiso estratégico con el entendimiento retardado” (I)

Hace tres décadas y media, viviendo en Washington D. C., la capital de la información y el análisis global, desde donde el mundo no se ve igual, acuñé el término “tortuguismo reumático” para referirme a una característica generalizada de algunas élites intelectuales, políticas y empresariales: el excesivo tiempo que requieren para la comprensión de aspectos básicos de la realidad y la toma de decisiones para incidir en ella. Frecuentemente, para entender las vocales o el abecedario actuando en consecuencia, transcurre demasiado tiempo, y cuando finalmente se mueven y aproximan, la realidad ya está movida, generalmente hacia adelante. Esto me llevó a acuñar otro término relacionado, “el compromiso estratégico con el entendimiento retardado”, el involuntario compromiso permanente con entender siempre tarde la realidad.

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“Tortuguismo reumático” y “compromiso estratégico con el entendimiento retardado” (I)

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Esta doble característica es lo que caracteriza precisamente el liderazgo de los países atrasados y subdesarrollados, donde a menor y más retrasada comprensión de la realidad, mayor subdesarrollo, atraso y desgracia humana. La correlación es muy alta entre la capacidad de comprensión de las élites de las realidades del mundo y de sus países, incluyendo sus capacidades de análisis prospectivo para la toma de decisiones, y el progreso o atraso de sus naciones. De su capacidad y rapidez de entender el mundo cambiante, ponerse de acuerdo y actuar en consecuencia, depende fundamentalmente las posibilidades y perspectivas de navegar en las aguas turbulentas y cambiantes del siglo XXI, transformar las naciones y regiones para progresar, diseñando y creando el futuro.

Estas brechas de tiempo entre realidad y comprensión de la misma crecieron desde la caída del socialismo real, la cuarta revolución científico-tecnológica, la era digital y de las comunicaciones y la globalización que conforman este cambio tan acelerado y profundo de época, esta mutación civilizatoria. En el último cuarto de siglo se combinan, entrelazan, complementan, sinergizan y potencian todas. Y el gran desafío de liderazgos con conducción de estrategia y política es estar al día en la comprensión de la realidad que le compete y actuar en consecuencia.

En dicha comprensión no solo intervienen el acceso a la información y al conocimiento actualizados, y las teorías y marcos analíticos de diversas escuelas de pensamiento, pero también los intereses de poder, privilegios y corrupciones, y las ideologías dominantes que proporcionan los lentes y tamices desde donde se analiza generalmente la realidad. En la política, y particularmente en los partidos, la comprensión de la realidad se negocia siempre con los lentos y los conservadores que siempre ejercen sus poderes de veto. Cuando finalmente sale “la verdad” y la “línea oficial” de acción, están considerablemente determinadas y mediadas por la imposición en el peor de los casos, y por el consenso con base en el mínimo común denominador, en el mejor. La “nueva comprensión” incorpora aspectos del cambio, pero “too little too late...” (“muy poco, muy tarde...”). Lo que es mucho para los conservadores es muy poco para los renovadores. Y en ausencia de líderes que aboguen por actualizar la comprensión de la realidad y actuar en consecuencia para una acción política más efectiva y de mayores consecuencias, el statu quo y el inmovilismo se convierte en ley general de comportamiento.

Pero con la planificación estratégica en las grandes empresas, instituciones y Estados al transcurrir el siglo XXI, no basta con disponer de la información y análisis más actualizado, son imperativas sus proyecciones y tendencias dominantes que configuran los escenarios prospectivos del futuro que cada vez más determinan la toma de decisiones presentes. Sin visión informada del futuro no es posible tomar decisiones sensatas y relevantes en el presente.

En las próximas dos entregas pondré algunos ejemplos y sugeriré algunas líneas de acción.

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