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“Tortuguismo reumático” y “compromiso estratégico con el entendimiento retardado” (III)

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“Tortuguismo reumático” y “compromiso estratégico con el entendimiento 
retardado” (III)

“Tortuguismo reumático” y “compromiso estratégico con el entendimiento retardado” (III)

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Economista/analistaEntre las creencias más arraigadas en el retraso de la comprensión, el entendimiento y la visión en el complejo y competitivo mundo en que vivimos, resaltan: 1. creer que los servicios públicos deben ser siempre proveídos por el Estado y que el interés nacional generalmente no puede ser favorecido por licitaciones ganadas y ejecutadas por empresas privadas; 2. que los recursos, la tecnología y el know-how pueden y deben provenir siempre o la mayor parte de las veces de nuestro país, no del extranjero; 3. que el tiempo que transcurre entre una necesidad o demanda prioritaria identificada y su satisfacción –resultado del diseño, ejecución y entrega de un proyecto o adquisición–, no tiene mayores efectos en la pobreza y retraso del país.

Estas creencias tan arraigadas expresadas todos los días en el pensamiento y la acción de muchos funcionarios públicos, pero también de profesionales que trabajan en el sector privado, de periodistas, analistas, académicos e intelectuales, atentan contra las mayorías, el progreso y la viabilidad misma de nuestro país.

En efecto, muchos servicios, obras y bienes públicos y privados no pueden ser proveídos por el Estado y por la empresa privada nacional por falta de conocimiento, experiencia o por no disponer de capacidad alguna: grandes obras de infraestructura y logística; desarrollo de grandes parques industriales para atraer empresas exportadoras con alto desarrollo tecnológico y valor agregado; grandes embarcaciones para pesca masiva de mariscos, tratamiento y exportaciones a mercados de Estados Unidos y Europa que nos permita aprovechar las 200 millas marítimas, y miles más pescando con bandera salvadoreña; industrialización del cacao para exportación a mercados de mayores calidades y precios. En estos casos hay que recurrir al sector privado internacional asegurando procesos licitatorios amplios, transparentes y competitivos que provean las mejores opciones.

La inmensa mayoría de recursos financieros, tecnológicos y de know-how no se encuentran en Centroamérica debiendo ir al encuentro del mundo para obtenerlos. Nuestra tarea es organizarnos y adecuarnos lo mejor posible para atraerlos.

El tiempo perdido desde el diseño, la licitación, adjudicación y ejecución de un proyecto tiene efectos perniciosos en el retraso y pobreza de nuestros pueblos. El cuarto de siglo transcurrido desde que los japoneses nos persuadieron del imperativo de un puerto especializado de contenedores en el golfo de Fonseca, hasta el fracaso de la concesión y la parálisis subsiguiente es un ejemplo. Ahora hay que evaluar si no nos quedamos ya sin puerto de contenedores y si la carga contenerizada de exportación e importación ya no llegará a y saldrá del Puerto de Acajutla sino de Puerto Quetzal. Si la respuesta fuera afirmativa tendríamos que plantearnos uno o varios puertos secos con un sistema ferroviario moderno para transportar contenedores desde los parques industriales-exportadores a Puerto Quetzal en el Pacífico guatemalteco y Puerto Cortés en el Caribe hondureño, trasladando desde allí a nuestro puertos secos y al Gran San Salvador la carga contenerizada de importación. Un pequeño ejemplo de las consecuencias de haber desperdiciado un cuarto de siglo en materia logística...

El “tortuguismo reumático” y el “compromiso estratégico con el entendimiento retardado” en la visión y gestión del desarrollo explicarían buena parte de la postración y retraso que confrontamos y la ausencia de un gran proyecto transformador para construir el futuro.

(PD. Un lamentable error involuntario producto de la carrera del cierre y envío de mi columna el jueves de la semana pasada, que descubrí hasta leer la versión impresa de LPG, siendo corregida inmediatamente, me llevó a afirmar que salí de la presidencia de CEPA en marzo de 2013 y no de 2014 como realmente fue, incurriendo en un error de un año en lo afirmado en ese y en el siguiente párrafo. Mis disculpas a los lectores).

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