Trabajando juntos por un futuro mejor

Todos los salvadoreños queremos más justicia social y menos pobreza, más escuelas y menos cárceles, más medicamentos y menos armamento militar, más aprendizaje y menos violencia, más transparencia y menos corrupción y más oportunidades para que nuestros hijos e hijas desarrollen sus potenciales para triunfar y vivir dignamente.
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No tengo afiliación política alguna y nunca la he tenido. Con este breve ensayo pretendo participar en el diálogo nacional, para encontrar soluciones a nuestros problemas. Todos tenemos la responsabilidad de evitar a cualquier costo otro conflicto destructivo pues aquellos que no aprenden de sus errores están condenados a repetirlos.

Lo cierto es que necesitamos líderes progresistas –sin importar credos políticos– con una visión común: la de mejorar la calidad de vida de todos los salvadoreños.

Entre las áreas de más crítica importancia figura la educación pues es esencial para lograr progreso socio-económico.

Pero ocurre que a pesar del reciente aumento en las oportunidades de educación que se han dado, no ha alcanzado al grupo vulnerable de nuestra población: los pobres.

Este sector continúa con limitadas oportunidades para atender educación primaria y mucho menos para educación secundaria o universitaria cuando mejorar la educación de nuestra fuerza trabajadora es clave para asegurarnos que desarrolle las habilidades apropiadas, para llenar las demandas laborales.

Miles de jóvenes salvadoreños entrarán al mercado laboral en la próxima década y si las oportunidades de educación no se presentan de manera efectiva y suficiente, esto agudizará nuestros problemas.

El sistema judicial no es percibido como transparente y equitativo por todos los salvadoreños por lo que debe reestructurarse radicalmente. Necesitamos fiscales y jueces honestos y competentes.

En cuanto a los médicos –como ciudadanos con conocimientos especializados– tienen la obligación profesional, moral y legal de actuar con absoluta integridad, con la administración de justicia.

La economía está estancada como resultado de una educación inadecuada, de la corrupción institucionalizada, del crimen rampante y de falta de inversión.

La evasión fiscal por grupos privilegiados es endémica. Los impuestos no son colectados y administrados de manera eficiente y transparente.

La economía solo puede crecer con inversión internacional y de capital salvadoreño en nuestro país. Esto requiere normas y reglamentos claros; protección para inversionistas; tribunales confiables para resolver disputas de manera justa; serios esfuerzos para erradicar la rampante corrupción y transparencia para garantizar que la ayuda internacional se distribuya honesta y apropiadamente.

Todos reconocemos que la pobreza es la causa principal de nuestros problemas. Naciones Unidas reporta que casi uno de cada dos salvadoreños vive en condiciones de extrema pobreza y que dos de cada tres viviendas carecen de servicios básicos para habitarlas dignamente. Esta devastadora pobreza ha precipitado una masiva migración y la resultante ruptura del núcleo familiar y de ese éxodo inhumano de menores sin acompañantes.

Hogares quebrados continúan creando hijos agresivos y violentos. Las cárceles rebalsan con más de 27,000 salvadoreños, en su mayoría adolescentes y hombres jóvenes pobres y sin educación, para quienes hoy es como ayer, un mundo sin mañana.

La creciente desigualdad es perjudicial para el crecimiento económico y para el gobierno: interfiere con la atracción de inversión y generación de trabajos. La magnitud de esta desigualdad es evidente en el desesperante nivel de vida de los pobres y el aumento de la riqueza de los grupos privilegiados.

Esta desigualdad no es accidente. Es el resultado de políticas avarientas; pero, con políticas progresistas, esta puede reducirse. Existe consenso global entre empresarios, economistas, líderes políticos y representantes religiosos: combatir la pobreza y no a los pobres. Combatiendo la pobreza ayuda a solucionar la violencia. Todos debemos aceptar la responsabilidad moral con los pobres, excluidos económica y socialmente, para facilitarles una vida digna y decente.

Tags:

  • justicia social
  • jueces
  • institucionalidad
  • pobreza

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