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Tráfico libre

Hay una verdad que no puede pasar desapercibida: hay tantos carros en las calles salvadoreñas que lo lógico es que el tráfico sea pesado en buena parte del día. Y si a eso le añade que no hay cultura del respeto vial, la situación se complica mucho más.
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No obstante, hay esperanzas. Desde que el Gobierno, a través de la Policía y el Viceministerio de Transporte (VMT, una dependencia del Ministerio de Obras Públicas –MOP–), lanzó el programa “Cero tolerancia” el tránsito con vehículos particulares por las calles de la zona metropolitana de San Salvador (salvo las que son complicadas desde la construcción de un carril segregado para el SITRAMSS) se ha visto considerablemente mejorado, sobre todo en las horas pico durante la mañana.

Sinceramente, no creí que fuera a tener tanto éxito. Muchas veces hemos escuchado la promesa de que “esta vez” el ordenamiento va en serio. Y nunca ocurría. Así ha pasado, por ejemplo, con la circulación de buses chatarra, con el control de motoristas violentos en buses y microbuses del transporte público, con el pago de esquelas de estos conductores (con condonaciones aprobadas múltiples veces en la Asamblea Legislativa), con el ordenamiento de calles en las ciudades para que no sean utilizadas como mercados al aire libre o parqueos...

Hay un par de acciones que han tenido efecto positivo en la circulación durante las mañanas y que, creo, merecen el agradecimiento público: el despliegue de policías de tránsito en zonas de denso tráfico y la prohibición (finalmente aplicada) de circulación de transporte pesado antes de las 8 de la mañana.

Solo estas dos disposiciones han mejorado sensiblemente la circulación en algunas calles de la zona metropolitana y de acceso a la ciudad (autopista Los Chorros o la prolongación del bulevar Constitución, por ejemplo). Aún hay trabajo que hacer, pero lo hecho hasta ahora es un aliciente para seguir con el proyecto.

Cuando se ordena el tráfico, la ciudad “respira” mejor y eso es un alivio para los ciudadanos. Además, mejora la reacción ante emergencias en el tráfico, como la caída de árboles sobre las calles durante las últimas tormentas o el cierre de tramos por daños (como la cárcava en el bulevar Tutunichapa). También tenemos realidades ante las cuales, hoy por hoy, no podemos hacer mucho más que tener paciencia o buscar rutas alternas, como el caso de los tramos de carretera de uso exclusivo de buses articulados y padrón del SITRAMSS.

Pero buena parte del centro de San Salvador permanece en permanente “trabazón” sencillamente porque hay demasiados buses en sus calles y partes de estas han sido tomadas por el comercio informal. Durante buena parte del día, esos buses llevan poquísimos pasajeros. Eso sigue siendo un reto para las autoridades de tránsito, pero también para las municipalidades.

Ojalá que el plan “Cero tolerancia” en el tráfico haya llegado para quedarse. Y para ampliarse. Solo de esa forma podríamos tener mejor circulación en la zona metropolitana y zonas aledañas. Aplicarlo adecuadamente en todas las grandes ciudades del interior también es un desafío.

Ahora toca que cada quien haga su parte. Y para esos hombres y mujeres que agilizan el tráfico no queda más que agradecerles y pedirles a ellos y a sus superiores que sigan haciendo esa labor.

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