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Transformémonos y seamos competitivos

Los temas álgidos de nuestro país se resumen en cuatro grandes rubros: resquebrajamiento de la institucionalidad, ausencia de seguridad, ausencia de generación de empleo y ausencia de factores dinamizantes de la economía.
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Sumidos en una vorágine diaria de escuchar datos y noticias negativas alrededor de estos temas, todos contaminados de tinte político, da la impresión de que estamos estancados, y eso es sumamente peligroso cuando el mensaje llega a los jóvenes, ya que en ellos reside la esperanza de que abran nuevas oportunidades para crecer y mejorar como país.

Para los jóvenes en El Salvador este es el momento de levantarse y actuar; deben darse cuenta de que únicamente pueden cambiarse a sí mismos haciéndose competitivos y de ahí propiciar los cambios necesarios para el país. ¿Cómo lograrlo? Actuando mediante el estudio, identificación y adopción, de las ventajas competitivas que otros están aprovechando y logran transformarse en un proceso de dejar atrás la mediocridad.

Un entorno competitivo debe partir, desde su creación, en ser saludable, en cuanto a que los diferentes niveles de competitividad tengan el equilibrio entre el mutuo respeto y el compromiso por lograr metas en común. Cuando esto se logra, el talento, las capacidades y las competencias de las personas afloran de manera natural y constante.

La transformación de los individuos, y por ende de la sociedad a la cual pertenecen, en ser competitivos comienza con el hecho de darse cuenta de las responsabilidades que uno es capaz de enfrentar, de hacer su parte y de desplegar todo su talento.

Para ello, hay que resaltar los “valores” específicos y las metas en común con la finalidad de que pueda decirse, ante la búsqueda de solución de uno de los problemas que no nos deja avanzar, que queremos lo mejor para aquellos a quienes les afecta ese problema (pueden ser niños, mujeres, etcétera).

El contar con valores y metas comunes permite el trabajo en equipos y se logra el beneficio de cooperar. Todos empujan por lograr la misma causa, sobre todo guardando una relación muy humana entre las personas.

Se tiene que aprender a jugar el mismo juego, a veces no es fácil ser ganador, por los obstáculos que se presentan; por eso es que hay que visualizar el logro y comenzar con un sueño. Hay que ver el resultado y pensar de derecha a izquierda, partiendo del resultado hacia atrás, mentalmente construyendo un mapa de ruta para alcanzar el resultado. En el camino hacia dicho resultado hay que sembrar “ganancias tempranas”, aquellas pequeñas pero significativas victorias que ayudan a mantenerse enfocados y activos hacia la meta. Nos ayuda a tener disciplina por ponernos objetivos de largo plazo (más de cinco años). Cada uno debe poner su talento en el trabajo por hacer, salirse de su propia “zona de confort” y practicar lo que más nos cuesta, para dejar el sudor y hasta el alma en cada actividad programada.

Importante es no creer que puede transformarse solo, se necesita de un “coach”, un mentor o una comunidad con quien enlazarse y aprender de su experiencia y sendas de victoria.

Por último, hay que vencer los temores, el “no se puede”, sentirse capaces de dominar los temas, mejorar cada día pensando “¿cómo hacer diferente lo que hice hoy?” Seleccionar las “batallas por librar” (las que son importantes), relajarse y disfrutar los logros obtenidos, ganar experiencia gratuita haciendo trabajo voluntario, aprender otros idiomas, crear una red de contactos y seguir un método simple para construir su única motivación personal.

Trabajemos por ser competitivos.

Tags:

  • economia
  • jovenes
  • competitividad
  • empleo

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