Transparencia, liderazgo y proceso de toma de decisiones (1/3)

Ningún líder que influye positivamente en una sociedad puede dejar de tomar decisiones diariamente por lo que hacerlas de forma colegiada asegura un mejor proceso para tomar resoluciones finales.
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No hay que olvidar que tomar decisiones afectará los resultados a corto y largo plazo de la organización y la calidad de vida de muchas personas. Tal es el caso de los funcionarios públicos, los diputados, altos mandos militares, directivos de organismos internacionales, gremiales, sindicatos, partidos políticos y los tanques de pensamiento, entre otros.

¿Cómo se lleva a cabo con transparencia e innovación el proceso de toma de decisión colegiada para asegurar el mejor desempeño de una organización? Decidir colegiadamente evoca hacerlo en comunión, es decir, en común-unión, que significa converger después de dialogar respetando la diversidad de enfoques hasta llegar a una posición unificada. Por lo tanto, no se llega porque hay un voto más. Efectivamente, tomar decisiones colegiadamente no ocurre porque un grupo interno le gano al otro por un voto más sino porque debatieron hasta llegar a una mayoría razonada. El profesor Miguel Angel Ariño, anterior director del Departamento de Análisis de Decisiones del IESE (Universidad de Navarra) y actualmente profesor visitante en el CEIBS (China Europe International Business School), señala a grandes rasgos: “Una decisión hay que evaluarla bajo tres dimensiones: la primera, ¿consigo o no el objetivo que pretendo? Segunda, ¿qué les pasa a las personas a las que les afecta esta decisión que voy a tomar? Y, por último, ¿qué consecuencias tiene en mí esta decisión tomada? En concreto, ¿me hago mejor o peor persona? ¿Me hago injusto porque estoy cometiendo una injusticia? ¿Me hago más o menos confiable?”

Entre las habilidades y actitudes que el profesor Ariño señala para optimizar el proceso de toma de decisiones se encuentran:

Ser responsables. Buscar la verdad o esencia de las cosas asegura la responsabilidad al tomar las decisiones. Ya lo decía Antonio Machado en unos versos: “¿Tu verdad? No, la Verdad, y ven conmigo a buscarla. La tuya, guárdatela”. Cuando se actúa en contra de la verdad “las consecuencias pueden ser desastrosas. Si se tiene la suerte que estas desastrosas consecuencias se producen inmediatamente, uno lo tiene fácil. Se rectifica y se aprende. La ley de la gravedad es la que es. Las consecuencias de desafiarla se producen, afortunadamente, de modo inmediato. Para no darnos tortazos continuamente solemos tenerla en cuenta y no pretendemos desafiarla. Pero si las nefastas consecuencias de no tener en cuenta la verdad se producen en el medio o largo plazo, uno puede estar equivocándose una y otra vez, sin enterarse. Cuando se va en contra de la ley natural, las consecuencias se acaban pagando. Pero la ley natural no es como la ley de la gravedad. Sus consecuencias suelen producirse a medio y largo plazo.

Saber conversar. “Hay personas que cuando hablan hacen afirmaciones con gran rotundidad. Hay que desconfiar de ellas. En general, el conjunto de estupideces que una persona dice es directamente proporcional a la seguridad con que las dice... Las personas inteligentes saben que pueden estar equivocadas y cuando dicen algo están abiertas a rectificar o cambiar de opinión cuando aparecen nuevos datos o se les muestra un punto de vista que no habían considerado...”.

Continuará...

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