Transparencia, liderazgo y proceso de toma de decisiones (2/3)

Los líderes influyentes se preocupan de realizar el proceso de toma de decisiones de la mejor manera porque están conscientes de que estas van a afectar los resultados a corto y largo plazo de sus organizaciones, además de la calidad de vida de las personas que las conforman. Continuando con las habilidades y actitudes que mejor permiten tomar decisiones razonadas para conseguir acertar en la estrategia o aprender de los errores, me gustaría compartir las ideas del profesor Miguel Ángel Ariño, anterior director del Departamento de Análisis de Decisiones del IESE (Universidad de Navarra) y actualmente profesor visitante en el CEIBS (China Europe International Business School).
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Transparencia, liderazgo y proceso de toma de decisiones (2/3)

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Evitar la confusión entre gustos y obligaciones. A la hora de dirigir una organización “no se pueden mezclar las preferencias personales con las exigencias del cargo que se ocupa. Donde no hay distinción, hay confusión... Cuando las preferencias personales interfieren en el gobierno de las instituciones y se confunde lo que se debe con lo que me gusta, hay problemas... Nada bueno puede salir de este tipo de confusiones. Ni a los directivos con sus caprichos ni a los gobernantes con sus fobias”.

Recuerdo aquí en El Salvador cuando a un diputado no le caía bien un presidente electo y cuando este llegó a la Asamblea Legislativa a dar cuentas, el funcionario le hizo una señal de mala educación con el dedo del medio. Ignoraba el señor diputado que cualquier autoridad o cargo reconocido merece respeto por sí mismo, independientemente de la divergencia de ideología o bandera política contraria a dicha persona. No se debe confundir gustos y preferencias personales con sus obligaciones institucionales.

“Quien te enfada, te controla. Suelen ser dos las razones por las que a veces nos enfadamos, o bien porque hemos hecho algo mal o bien porque alguien nos ha hecho alguna faena. En el primero de los casos no sirve de nada enfadarnos con nosotros mismos, no soluciona nada. Lo que tenemos que hacer es corregir, aprender e intentar no volver a meter la pata en el mismo asunto. Tampoco sirve de nada enfadarse si es que alguien nos ha ofendido o se ha comportado mal con nosotros. ¿Para qué? Si nos pide perdón perdonarle y si no, tener en cuenta que el problema no lo tenemos nosotros sino la persona que nos ha ofendido. Nosotros solo sufrimos las consecuencias de su actitud. Tenemos que ser dueños de nuestra vida y de nuestro carácter... Nuestro buen humor no puede depender de actitudes de terceros.

Enfadarse no sirve de nada. No merece la pena. Además, estando enfadados creamos mal ambiente a nuestro alrededor. Es mejor que los demás estén rodeados de caras sonrientes y no de caras enfadadas. Además, si enfadándonos se resolviera algún asunto, mi consejo sería “enfádate”. Pero como no se resuelve nada y además crea problemas alrededor nuestro, mejor no enfadarse. Cosa distinta es corregir, si alguien nos hace alguna fechoría a nosotros o a algún otro, habrá que corregirle si tenemos alguna posibilidad de éxito. Pero corregirle para que mejore esta persona, nunca por venganza que no sirve para nada.

Continuará...

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