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Transparencia, liderazgo y proceso de toma de decisiones (3/3)

Continuando con las habilidades y actitudes que mejor permiten tomar decisiones razonadas para conseguir acertar en la estrategia o aprender de los errores, me gustaría compartir las ideas del profesor Miguel Ángel Ariño, actualmente profesor visitante en el CEIBS (China Europe International Business School).
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Transparencia, liderazgo y proceso de toma de decisiones (3/3)

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Toma de decisiones y aprendizaje. Las personas tenemos una propiedad que nos distingue de los demás seres del universo: Podemos pensar y razonar. Al ejecutar una decisión podemos cometer errores, de los cuales aprendemos. Pero de allí a afirmar que para aprender mucho hay que equivocarse mucho, hay un gran trecho... Efectivamente, para conocer si una estrategia es valiosa, un líder no necesita ponerla en práctica para saber si va a funcionar. “Esto sería muy costoso y conduciría a numerosos fracasos. Primero hay que razonar para calibrar sus posibilidades de éxito. Una vez pensada que es bueno llevarla a cabo la ponemos en práctica, y comprobamos si efectivamente está funcionando o hay alguna variable a la que no habíamos prestado atención y la está haciendo fracasar. En cualquiera de los dos casos, esté teniendo éxito nuestra estrategia o esté fracasando, aprendemos. Del fracaso aprendemos viendo por qué ha ido mal y de los éxitos debemos aprender si las cosas han ido bien por las razones que pensábamos, o por otras razones. Puede ser que haya habido suerte. Puede ser que la estrategia haya funcionado, pero por razones distintas a las que inicialmente pensábamos que iban a funcionar. De todo debemos aprender... Nunca hay que cometer la insensatez de achacar a una buena visión estratégica lo que simplemente ha sido cuestión de suerte. La suerte no la podemos controlar. Si la pudiésemos controlar ya no sería suerte. Sería bien hacer”.

Dejar salvar cara. Cuando un grupo dentro de un partido o dentro de una familia empresarial tiene mayoría absoluta para gobernar como quiera el rumbo de su organización, puede caer en la tentación de excluir a los demás en nombre de la gobernabilidad. Según el profesor Ariño, cuando un partido tiene la ventaja del poder que da los votos para tener mayoría en las decisiones, “debe tener unos asuntos, pocos, que debe defender a capa y espada y utilizar para ello la mayoría que posee. Pero estos asuntos deben ser solo los que considera críticos de sus principios o del programa de gobierno. Para el resto de las cosas, la mayoría, debe atender a las opiniones del resto de los partidos, hacer concesiones, dejarles respirar. Ceder”. Dejar salvar cara, agregaría de mi parte.

Con este modo de actuar, un partido puede seguir siendo fiel a sus principios y además estará gobernando teniendo en cuenta los intereses de todos y no solo los suyos propios. La gente verá que es un partido flexible y dialogante y lo seguirá votando. “Si por el contrario se aprovecha del poder que tiene en un momento dado para no dejar respirar a los que no piensan como ellos, entonces lo va a tener muy difícil en las siguientes elecciones. ¡Qué mal se administran en algunos países las mayorías absolutas! ¡Qué oportunidades perdidas de gobernar para todos! Y no estoy hablando de ningún país ni de ningún partido en concreto, sino de todos los que así actúan...”.

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