Transparencia y campaña política

Los partidos políticos, ahora de manera oficial, ya nos están pidiendo directamente el voto, al menos para diputados. Para alcaldes, aunque hagan falta un par de semanas, ya desde hace varios meses hemos conocido los candidatos, sus propuestas, sus visitas a comunidades y un sinnúmero de actividades.
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Un buen signo de parte de los candidatos sería hacer un compromiso con la transparencia. Pero algo que se concrete, no una oferta difusa y vaga que quede en las nubes. Hace tres años, por ejemplo, el vocero de un partido minoritario, durante una visita a LA PRENSA GRÁFICA, dijo que sus candidatos eran diferentes. “¿Darán a conocer la lista de quienes les financiaron la campaña?”, le pregunté. La respuesta giró en torno a que no todos iban a resultar electos, pero los que sí lo hicieran sí iban a revelar quiénes les habían dado aportaciones para la campaña. El período para la elección para diputados está por terminar, ya estamos en campaña para una nueva legislatura y la tal lista de donadores jamás vio la luz.

Los partidos políticos tienen algunas obligaciones legales (bastante reducidas) con la transparencia. Sin embargo, en otros ámbitos, los ciudadanos apreciarían mucho si se abren más y muestran más honestidad. Por ejemplo, es común ver a candidatos participar en actos religiosos de múltiples denominaciones religiosas. Y es común que los candidatos participen en los actos propios de todas las congregaciones, no en una actitud de respeto (si pertenecen a otro credo), sino como formando parte de él. ¿Es que cambian de creencias de acuerdo con la iglesia que van?

Desde la elección pasada hubo voto por rostro, vemos a los candidatos a diputados más activos, participando en más actividades con los candidatos a alcaldes. Desde siempre, los alcaldes han llevado sobre sus hombros la elección de los diputados. Ahora, vemos a los aspirantes a padres de la Patria acompañar a aquellos candidatos a jefes edilicios que logran convocar multitudes, buscando atraer para sus propias candidaturas los posibles votos. Pero eso también aplica para lo bueno y malo que hagan, endosando sus acciones. Hubo casos en que los alcaldes han realizado acciones que rayan con lo legal (como el de Ilopango, que participó activamente en la tregua entre pandillas –objetada por su partido– y que utilizó el FODES para la administración de un equipo de fútbol de Tercera División, para lo cual incluso alteró un acta del concejo para tratar de ocultarlo), pero candidatos aparecen en sus actividades, ¿endosan también sus acciones cuestionadas?

La institucionalidad del Estado salvadoreño también tiene puntos pendientes para que nuestros representantes sean realmente transparentes. Prueba de ello es que ni el Instituto de Acceso a la Información Pública (IAIP) consideró importante levantar la reserva a los viajes del expresidente Mauricio Funes.

La mayoría de los candidatos nos dicen que se meten a la política para servir al pueblo, no para servirse ellos. Pero la práctica real nos ha demostrado que algunos, una vez toman posesión del cargo, modifican acuerdos y aparecen con sueldos mayores. Son raras las excepciones de quienes donan su sueldo para obras sociales o se lo reducen. Un diputado arenero, Mario Valiente, fue claro hace unos años al decir que él no está de acuerdo en reducir salarios, porque él vive de eso. Eso, al menos, es más honesto. Pero otros podrían ir más allá y dar el ejemplo de que no han llegado a utilizar sus cargos políticos como catapulta para sus carreras o elevar vertiginosamente su nivel de vida.

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