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Transparencia y realidad nacional

El viernes pasado concluyó un evento que cada vez concita mayor atención e interés por su enorme significado en la vida política, económica y social del país: “La Semana de la Transparencia”.
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Esta fue organizada, como en los dos años anteriores, por el Consorcio por la Transparencia y Lucha contra la Corrupción, con el auspicio de USAID, las embajadas de Canadá, España, Gran Bretaña y la Fundación Hanns Seidel de Alemania. El evento culminó con la participación de la juventud, coincidiendo con la fecha en que se celebra el Día Internacional Contra la Corrupción.

¡Y qué oportuno! Este tercer foro tuvo lugar en momentos en que el país está siendo sacudido por el descubrimiento de grotescos casos corrupción que, de seguir el curso que tomó el primero en los tribunales respectivos, vendrían a despejar uno de los lados más oscuros de nuestra historia reciente. Se pondría así en evidencia cómo la apropiación de los recursos públicos por unos pocos daña cada vez más a todo el país, en la medida que genera su propio mecanismo de transmisión y se erigen muros para torpedear la justicia y mantener ocultas las fechorías de ángeles y demonios.

Se habla a menudo que esos descubrimientos son una muestra palpable de que la institucionalidad está funcionando, criterio que hasta cierto punto compartimos. El problema es que los tentáculos del monstruo mantienen aprisionada a buena parte del mismo engranaje institucional del Estado, comenzando por el reparto de cuotas partidarias –nada menos que en el llamado primer Órgano del Estado– en organismos claves como el CNJ, la FGR, el TSE y la CC. Si esta práctica ya lleva implícita una conducta viciada, en los hechos solo es un medio por donde se desliza permanentemente el flagelo por una especie de banda sin fin, lo que equivale a decir que no tiene ideología, ni límites en el tiempo y en el espacio.

Como es lógico pensar, las malas prácticas en la administración gubernamental invariablemente trascienden a lo privado; es más, no pueden juzgarse únicamente por la forma viciada con que se manejan los recursos... Aferrarse a esta concepción significa decantarse por una interpretación simplista de un fenómeno que tiene muchas aristas. La opacidad o la falta de transparencia, como compañeros de viaje de la corrupción, alimentan y fortalecen su campo de acción a través del involucramiento de terceros, donde la justicia pocas veces llega. El caso de los constantes señalamientos irresponsables contra la SC no pueden ser más emblemáticos. Se le acusa, contra toda evidencia, de ser la culpable, entre otros problemas, de la crisis fiscal, del auge de la delincuencia y hasta de torpedear la gestión gubernamental; cuando su origen está en otra parte.

Se cae en la opacidad, cuando desde la AL se manosea la Constitución con intenciones aviesas, como cuando se difunden medias verdades sobre el estado de las cuentas públicas y, en una falta de transparencia, cuando se comprometen recursos públicos en claro conflicto de intereses y hasta cuando se manipula una elección, como es el caso de del Consejo Nacional del Salario Mínimo. Igualmente, cuando en CAPRES se niega información sobre supuestos ilícitos cometidos en administraciones anteriores, se protege a delincuentes y hasta cuando se manejan cifras económicas que no reflejan la verdadera realidad. El ocultamiento de fuentes de financiamiento de los partidos políticos es el extremo, porque se presta a todo tipo de corrupción, incluyendo la prostitución del sistema político.

Los daños que todas estas prácticas de vieja data le infligen a la sociedad son evidentes: economía estancada, precaria provisión de bienes y servicios públicos, pobreza en aumento, delincuencia imparable, etc., nada lícito justifica esta situación. Por ello, resulta invaluable el protagonismo que, a través de sus representantes, han asumido países amigos para ayudarnos a enfrentar con decisión estos problemas; como imprescindible es el concurso de la sociedad civil y entidades públicas como la SC, Probidad, la FGR, el IAIP y el TEG.

Tags:

  • institucionalidad
  • corrupcion
  • transparencia

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