Transparencia y seguimiento

La Ley de Acceso a la Información Pública (LAIP) es un avance notable en la dirección de la fiscalización ciudadana hacia el poder.
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<p>[email protected] Twitter: @LLainezLPG&nbsp;</p><p>Sin embargo, todos sabemos que no es suficiente, más aún cuando no está funcionando a toda su capacidad. El Instituto Nacional de la Información Pública no está integrado y si alguien se le ocurre acudir ante la Corte Suprema de Justicia (CSJ) se encontrará en un callejón sin salida, dada la crisis actual en este Órgano del Estado.</p><p>Pero la LAIP debe ser considerada como una herramienta desde la ciudadanía hacia el poder. Por eso asombra que el portal gubernamental Transparencia Activa se dedique a darle seguimiento a lo que periodistas publican en sus cuentas de Twitter a propósito del primer programa de radio del presidente Mauricio Funes.</p><p>El ejercicio de medir el impacto de una noticia en las redes sociales es interesante y muestra el surgimiento de una nueva dinámica informativa, pero de ahí a presentar solo los tuits que no fueron favorables, creo que tiene un problema de concepción, porque puede ser considerado como un mecanismo de sanción social.</p><p> La LAIP surge de la necesidad de los gobernados de conocer cómo usan los fondos públicos los gobernantes. De cómo se toman las decisiones que afectan al colectivo. El ámbito público del gobierno debe estar bajo el escrutinio del ciudadano para exigir efectividad y cordura en los usos de los dineros recaudados con los impuestos y sensatez y certeza de las decisiones.</p><p> Sin embargo, ponerle seguimiento a los periodistas en las redes sociales no cabe en ninguna concepción de transparencia. Al menos no en el ejercicio de la función pública.</p><p>Abierto está el debate sobre el rol de las redes sociales y el uso que los periodistas dan de sus cuentas, si son privadas o públicas, si son institucionales o personales.</p><p>En lo particular, mi cuenta, @LLainezLPG, es para divulgar información. A veces se dan intercambios con ciudadanos, funcionarios u otros periodistas, donde se ahonda la información, pero todo en marco de mi función como periodista de LA PRENSA GRÁFICA.</p><p>El periodismo tiene muchos retos y amenazas. Desde el bloqueo que puede haber en algunas instituciones (como la orden que dio Ovidio Bonilla en la Corte Suprema de Justicia de no permitir el acceso de periodistas a la cuarta planta o el mismo hecho que nunca se haya realizado una Corte Plena con presencia de periodistas o que algunos comunicadores estén vetados en función de la línea editorial del medio para el cual laboran) hasta las amenazas que reciben en el ejercicio de su profesión por ser testigos de momentos violentos o incómodos.</p><p>Así que, bajo ningún argumento, se puede permitir el seguimiento desde estamentos de poder para periodistas cuyos comentarios sean considerados inoportunos, críticos o contrarios a los intereses de funcionarios públicos. En su lugar, debe fomentarse, al amparo de la LAIP, el acceso a todo tipo de información, más allá del tipo “oficioso”, cosa que también hace Transparencia Activa.</p><p>No creo que nos lleve a un buen camino que desde el poder se diga quién es buen periodista y quién no. Los ciudadanos saben reconocer a un periodista bueno de uno mediocre o malo, de acuerdo con la calidad del trabajo que presentan, de su acuciosidad y de su profesionalismo y búsqueda del equilibrio y objetividad.</p><p> ¿Qué pasará después? ¿Censores para que los periodistas no crucen la línea que agrada al poder? ¿Sanciones a los medios que fomenten la crítica, la acuciosidad y la profundidad de las informaciones, en lugar de repetir boletines e información oficial?</p><p>

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