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Trayectoria política

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Rafael Ernesto Góchez / Colaborador de LA PRENSA GRÁFICA

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Hace cien años (1918), Carlos Meléndez era presidente de El Salvador. Él era miembro de la familia Meléndez-Quiñónez, la cual consiguió monopolizar el poder entre 1913-27 tras el asesinato del presidente en el ejercicio de sus funciones, el doctor Manuel Enrique Araujo. Luego vino un período incierto que culminó con un golpe de Estado que llevó a la presidencia al general Maximiliano Hernández Martínez entre 1931-44, hasta que fue obligado a renunciar por militares inconformes y por una huelga de brazos caídos.

Años después, el PRUD gobernó con los militares Óscar Osorio 1950-56 y José María Lemus 1956-60. Después hubo golpes de Estado y en esa trama se fundó el PCN, partido que venció en cuatro elecciones seguidas iniciando con el coronel Julio Rivera en 1962 y el general Fidel Sánchez Hernández en 1967, este último condujo la guerra contra Honduras y enfrentó un intento de golpe de Estado. La Unión Nacional Opositora (UNO) ganó en las urnas en 1972, pero el coronel Arturo Armando Molina asumió la presidencia.

El cierre de espacios políticos, el auge de los movimientos sociales y el avance sandinista en Nicaragua en el marco de la "guerra fría" (EUA vs. URSS) provocaron la caída del último presidente militar en 1979, el general Carlos Humberto Romero. Luego de efímeras Juntas Cívico-Militares gobernó el PDC, partido que impulsó varias reformas estructurales para frenar la subversión pero no se logró detener la cruenta guerra civil 1980-92, comenzando así el declive del agro y el éxodo de salvadoreños.

La caída del Muro de Berlín (1989) favoreció la firma del Acuerdo de Paz (1992). ARENA implantó un modelo economicista en la etapa posconflicto, el cual debilitaba al Estado, omitía la relación población-territorio y descuidaba el tejido social local. Dichas políticas públicas consolidaron el centralismo y generaron las condiciones socioeconómicas e institucionales para que bandas delincuenciales se apoderaran de múltiples barrios, comunidades y cantones.

El FMLN llegó a casa presidencial en 2009 y las expectativas de cambio se desvanecieron rápidamente. Las mejoras en el área de justicia son atribuidas a la Sala de lo Constitucional 2009-2018 y los avances en contra de la corrupción son adjudicados a la FGR a partir de 2016. Esto hace que algunos políticos se sientan incómodos y ayuda a explicar el atraso legislativo en la elección de la Sala de lo Constitucional 2018-2027.

En este contexto y ante el hartazgo de miles de conciudadanos hacia los partidos convencionales, la contienda presidencial 2019 pudiera conducir a que el próximo mandatario sea producto de una votación emocional. Lo sorprendente de esa posibilidad es la cantidad de compatriotas que piensan que sus vidas mejorarán con la llegada de un nuevo presidente. De prevalecer el tono demagógico en la conducción del país, se confirmaría que los salvadoreños no han aprendido la lección de los últimos 100 años.

Conclusión: la trayectoria de la política salvadoreña demuestra la necesidad de que los ciudadanos entiendan el apremio y la conveniencia de apoyar y acompañar (1) la profesionalización y transparencia de la administración pública, (2) la separación de poderes y (3) el fortalecimiento de las instituciones contraloras del ejercicio del poder público.

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