Tres años después

Al momento de escribir esta columna, el escenario político del país no podía ser más preocupante.
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Tres años después

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A pesar de que manejaban varias opciones para zanjar el conflicto surgido entre cuatro partidos representados en la Asamblea Legislativa con una Sala de lo Constitucional que se ha atrevido a desafiar al “establishment”, todo parecía indicar que este lunes el país amanecería con mayores complicaciones que ensombrecerán todavía más su futuro. La actitud obcecada, la soberbia y el autoritarismo de una de las partes no presagiaban otra cosa.<p>&nbsp;</p><p>Y aunque los hechos demostraran que hubo un giro de 180 grados a última hora, creo que ese futuro igualmente quedará marcado por la secuela que dejarán los episodios grotescos que han rodeado el caso, donde unos pocos han actuado alejados totalmente de lo que la ciudadanía espera de la clase política, en un país asediado por una crisis económica que parece no tener fin, por la delincuencia desbordada y por la corrupción, que no dejan margen ni siquiera para mantener vivas las luces de la esperanza. Supuestos líderes, guiados por la insensatez, la mezquindad y cegados por el poder, habrían hecho la diferencia.</p><p>&nbsp;</p><p>Lo anterior equivale a decir que si la clase política funcionara bajo liderazgos visionarios, se mantuviera apegada a parámetros democráticos mínimos y, sobre todo, girara en torno a los más altos intereses del país, seguramente la renovación de un tercio de los magistrados de la Corte Suprema de Justicia hubiera pasado desapercibida para la mayoría de la población.</p><p>&nbsp;</p><p>Consecuentemente, y con prescindencia de lo que haya ocurrido el día de ayer, pienso que el país seguirá, como se dice en buen salvadoreño, enredado en sus propios mecates. Y esto lo digo muy consciente de que los últimos acontecimientos no se originaron en la víspera; de hecho, la tromba institucional que ahora nos afecta no comenzó con la declaratoria de inconstitucionalidad de las elecciones de magistrados en 2006 y 2012. Más bien, el extremo cometido por el FMLN, GANA, CN y el PES al llevar el caso a la Corte Centroamericana de Justicia es solo el último eslabón de una cadena que comenzó cuando la SC elegida en 2009 se impuso la tarea –reconocida por propios y extraños– de darle vigencia plena a la justicia constitucional, que era claramente un déficit dentro del proceso democratizador que estamos viviendo.</p><p>&nbsp;</p><p>Apelar a ese ente regional para dilucidar un problema que solo atañe a los salvadoreños no solo fue un despropósito jurídico, sino un crimen de lesa patria si, como se supone, los demandantes acudieron al dictador nicaragüense para que incidiera en la decisión de la entidad regional. Esto no sugiere otra cosa que un total desdén por nuestra soberanía y los principios elementales en que se sustenta la democracia, donde hacen causa común la soberbia, el cinismo y la revancha como forma de aniquilar a quienes los conjurados consideran su adversario.</p><p>&nbsp;</p><p>Siendo así, lo que haya o no ocurrido ayer domingo será considerado como una página que sigue abierta, porque tres años de justicia constitucional no son suficientes para desterrar el desenfreno con que ha actuado la clase política, producto de una práctica enquistada en las profundidades de una estructura de poder que por años hizo del país su propio feudo. Lo grave ahora es que los supuestos redentores son los principales artífices del desquiciamiento institucional que vive el país y de algo todavía más preocupante: el avivamiento de un pasado tormentoso que no descartan, si con ello logran someternos al vasallaje que ellos mismos utilizaron de excusa en un intento de reescribir la historia.</p><p>&nbsp;</p><p>Pero una cosa también es cierta. Las célebres sentencias de la SC que directamente afectaron a los partidos irredentos y corruptos llegaron para quedarse. Y como el capítulo no está cerrado, seguramente la conciencia colectiva seguirá aumentando inexorablemente, para que los salvadoreños también tengamos, algún día, una verdadera primavera.</p><p>&nbsp;</p>

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