“Troles”, de ogros a abogados del diablo

Es vergonzoso ver a mucha gente manipulada en concentraciones, con rótulos que dicen “Todos somos troles” y no tienen la menor idea de qué es un trol.
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“Troles”, de ogros a abogados del diablo

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Un trol (del nórdico troll) es un temible miembro de una mítica raza antropomorfa del folclor escandinavo. Su papel en los mitos cambia desde gigantes diabólicos –similares a los ogros de los cuentos de hadas ingleses– hasta taimados salvajes más parecidos a hombres que viven bajo tierra en colinas o montículos, inclinados al robo y el rapto de humanos que, en el caso de los infantes, eran sustituidos por niños cambiados. Asimismo, se les puede llamar ‘gente de la colina’ o ‘del montículo’. Los troles son también llamados “trowes” en algunos lugares.

La literatura, el arte y la música nórdica de la época romántica en adelante han adaptado los troles de diversas formas; a menudo con la forma de una raza aborigen, dotados de enormes orejas y narices. Desde aquí, así como desde cuentos de hadas escandinavos como “el gruñido de los tres chivos”, los troles han alcanzado reconocimiento internacional.

En la jerga de Internet, un trol es un mensaje u otra forma de participación que busca intencionadamente molestar a los usuarios o lectores, creando controversia, provocar reacciones predecibles, especialmente por parte de usuarios novatos, con fines diversos, desde el simple divertimento hasta interrumpir o desviar los temas de las discusiones, o bien provocar ‘flamewars’, enfadando a sus participantes y enfrentándolos entre sí.

El trol puede ser más o menos sofisticado, desde mensajes groseros, ofensivos o fuera de tema, a sutiles provocaciones o mentiras difíciles de detectar, con la intención en cualquier caso de confundir o provocar la reacción de los usuarios del ciberespacio. Por eso, troll o trol, en el contexto de Internet, se usa para referirse a personas que publican mensajes instigadores en vehículos de comunicación de Internet, como lo son los blogs, foros, publicaciones en biografías de Facebook y las salas de chat, por mencionar algunos. Estas personas hacen publicaciones irritantes con el propósito de molestar, provocar o hacer controversia no constructiva, además de que en la mayoría de las ocasiones no tienen otro fundamento que llevar la contracorriente (a veces se representan a sí mismos como “abogados del diablo”).

El ejercicio de un periodismo libre e independiente, que practique la crítica constructiva en un plano de ética profesional, constituye una herramienta útil y necesaria para perfeccionar la democracia, promover la paz, los derechos humanos, la tolerancia y la solidaridad social, mundo libre en el que no encajan los troles porque socaban con su tridente demoníaco las bases de un periodismo libre, entendiendo la libertad como el instrumento que puso Dios en manos del hombre para que realizase su destino.

Nunca debemos olvidar que la libertad de expresión y el ejercicio de un periodismo profesional, objetivo, imparcial y crítico es la garantía de la democracia. Cuando un país goza de plena libertad de expresión, se acrecienta la responsabilidad de todos los sectores sociales, económicos y políticos, adquiriendo los medios de comunicación un mayor compromiso de informar con responsabilidad.

Es un hecho incuestionable que en el marco de la sociedad moderna y democrática, los medios de comunicación constituyen un poder social con capacidad y responsabilidad de construir opinión pública sana e inteligente para el logro del bien común, mientras que los troles que se introducen maliciosamente en esta opinión pública con fines perversos es para deformarla a su antojo, engañando, manipulando, destruyendo, sembrando odio, rechazo y todo lo que representa en esencia un ogro o un ente demoníaco. Es vergonzoso ver a mucha gente manipulada en concentraciones, con rótulos que dicen “Todos somos troles” y no tienen la menor idea de qué es un trol.

Sería una desgracia para nosotros los salvadoreños, no tener la libertad de expresión en todas sus formas y aceptar en ella controles que nunca toleraríamos en ninguna otra esfera de nuestra vida y en la que no admitimos troles.

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Columna publicada en Diario El Mundo, www.elmundo.com.sv

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