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Tropezar con la misma piedra

Cuando ARENA y sus aliados intentaron elevar a la dignidad de un argumento jurídico o político la espectral figura caricaturesca del “hombre del maletín negro”, en realidad estaban rebajando la política y el derecho al nivel del chisme. Ahora, cuando los diputados de esa alianza llamada el bloque oficialista afirman que los cuatro magistrados incómodos de la Sala de lo Constitucional “toman sus decisiones ebrios y con fumarolas”, están haciendo exactamente lo mismo que sus adversarios sin atenuante alguno.
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Tipificar esas miserias como cuestiones normales y hasta cierto punto simpáticas de nuestra cultura tercermundista no debe ocultarnos la gravedad del asunto en cuanto a sus consecuencias prácticas. Más allá de los vericuetos interpretativos del legalismo taimado al servicio de uno u otro bando partidario, ¿quién ganó la anterior trifulca, plena de episodios de franco sainete, entre el mencionado bloque legislativo y los magistrados de la Sala de lo Constitucional? No ganó nadie, perdió el país.

Esa crisis como otras tantas en verdad no tuvo solución real. Solo fue postergada, para mientras y por si acaso, como dice el ingenio popular. Y aquí la tenemos de nuevo estallándonos en la cara, con los mismos protagonistas, las mismas posiciones irreconciliables y los mismos desplantes de sainete bufo. Solo que ahora el momento es más difícil, porque todos los actores de esta farsa están más desprestigiados ante la sociedad, y por el aumento de la crispación que produce la polarización de la campaña electoral adelantada.

¿Nos volveremos a tropezar con la misma piedra? Por el momento, según lo indican el talante y el tono de los involucrados en el conflicto interinstitucional, así será, y los platos rotos de los caprichos y del cinismo de los muy bien cebados señores de la clase política otra vez los pagaremos todos los ciudadanos. Pero la responsabilidad, insisto, es de la clase política y, en este caso específico, de los diputados.

No habría necesidad de interpretaciones constitucionales arbitrarias o sospechosas de parcialidad si los diputados, en lugar de dedicarse a derrochar el menguado presupuesto nacional en lujos faraónicos, subsanaran, mediante el mecanismo democrático establecido, los vacíos o imprecisiones de la Carta Magna. Porque es cierto que los únicos autorizados para legislar son los diputados (y por tanto no se puede legislar a punta de sentencias), pero también es verdad que las sentencias de la Sala de lo Constitucional son de obligatorio cumplimiento.

¿Cómo resolver razonablemente esa contradicción que es el centro de la crisis actual? En primer lugar descartando el ruido mediático de ambas trincheras, que se apoyan en el chismorreo cada vez más vulgar, y adoptando el diálogo y la consulta entre las instituciones y con la sociedad. Pero nadie me negará que, hasta ahora, lo que ha prevalecido es el atrincheramiento y el ruido por sobre el diálogo y la consulta.

De ARENA y del FMLN no espero mucho en este sentido, ya que ambos se nutren de la polarización. Pero de los partidos que han pasado a conformar el Movimiento de Unidad, cuya principal razón de ser es justamente la despolarización, sí esperaba y espero mayor compromiso con la institucionalidad democrática y con el sentido de la mesura política. Su candidato presidencial, Tony Saca, ha sido claro en su posicionamiento: las sentencias deben cumplirse.

Creo que, por muchas razones evidentes, sobre todo GANA debería abandonar su beligerancia radical contra la Sala de lo Constitucional, cuidar más el aspecto ético de su desempeño legislativo, moderar su discurso y especialmente su prática en su privilegiado papel de balance de fuerzas. Ser un apéndice de la polarización no tiene sentido. Es tiempo de tender puentes, no de dinamitarlos.

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