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Trump y Castro: sucesos y personajes que revelan las complicaciones y expectativas del momento histórico actual

Acaba de morir Fidel Castro, casi 58 años después de que su movimiento revolucionario se impusiera a la dictadura de Batista. En aquellos tiempos, el modelo soviético parecía la fórmula del futuro.
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Una de las características más relevantes de la coyuntura presente en todas partes es la constante mutación de los sucesos tanto nacionales como internacionales. Desde luego el cambio siempre ha sido ley de vida, pero lo que más va cambiando con el tiempo es el ritmo del cambio; y en las circunstancias que corren, con la globalización en marcha expansiva, el ritmo actual va siendo cada vez más revelador. Es como si viviéramos en una vitrina interactiva en la que todo va quedando a la vista al instante. Al ser así, lo que se hace imprescindible es ponerles más atención que nunca a las señales que van surgiendo en el camino para tener capacidad de descifrar el presente y de avizorar el futuro.

Lo cierto es que, en muchos sentidos, hemos estado viviendo las consecuencias de lo que se fue acumulando desde la primera mitad del pasado siglo, sólo que hoy esas consecuencias parecen emerger con elocuencia insospechada. No podemos ni debemos olvidar que nos hallamos en el punto de las mayores aceleraciones tanto expansivas como regresivas, y por eso activar la vigilancia analítica se vuelve cada vez más imperioso. Hay que ir recogiendo datos del día a día, que los hay en abrumadora abundancia, en el entendido que lo que existe en los hechos es una red de realidades que son una especie de lista abierta. Hay, pues, mucho material donde escoger para reconocer lo que pasa.

En estos días recientes dos nombres se han puesto en la primera línea de la atención internacional por motivos muy distintos pero con un trasfondo comunicado en muchos sentidos: Donald Trump, candidato ultraconservador elegido Presidente de Estados Unidos para los próximos cuatro años, y Fidel Castro, figura principal de la Revolución comunista Cubana que se instaló en 1959, muerto a los 90 años el pasado 25 de noviembre.

El triunfo de Trump tomó a muchos por sorpresa, aunque no era tan inesperado como parecía. Los retos de la globalización en movimiento ponen pruebas a cada paso, y eso lo viven con más intensidad los poderes que, en la era inmediatamente anterior, estaban por encima de todo. Donald Trump representa el anhelo que hay en muchísimos estadounidenses de volver a lo que se vivía en otras épocas. Eso es irrealizable, porque lo que hay que hacer hoy es construir grandeza conforme a las condiciones del presente. Pero las cosas se complican aún más porque esas ansias tienen siempre un alto componente revanchista, como si hubiera culpables de que las cosas ya no sean como antes, contra los que hay que ir con todo, sin medir consecuencias. Estados Unidos tiene energías sobradas para ponerse a la vanguardia en las condiciones actuales, pero eso no se logrará con extremismos desfasados, que ojalá se queden en retórica desechable. Entendámoslo todos de una vez: la retórica nunca puede sustituir a la realidad. Ya se verá en los hechos, con el descontento rabioso de los que no quieren aceptar que la vida tiene una lógica inescapable. Y que la racionalidad histórica salga indemne para beneficio global.

Acaba de morir Fidel Castro, casi 58 años después de que su movimiento revolucionario se impusiera a la dictadura de Batista. En aquellos tiempos, el modelo soviético parecía la fórmula del futuro. Fiasco histórico que se fue desnudando con los años, hasta que en 1989 la Unión Soviética implosionó sin remedio. Crónica de un fracaso anunciado. Y entonces se hizo aún más evidente que el régimen castrista era insostenible por su cuenta: siempre necesitó salvavidas. Cuando se acabó la URSS vino un período de ahogo insuperable, hasta que apareció el chavismo salvador. Pero éste también ha colapsado, y entonces a la Cuba castrista sólo le quedó iniciar el retorno al capitalismo, a cuentagotas pero con el grifo del régimen ya inservible. Como un sarcasmo de los tiempos, a Fidel Castro le tocó ver este giro que no va a detenerse, pese a todas las burbujas retóricas. Llegará el momento de las aperturas políticas internas, y el hecho de que Fidel Castro ya no exista deja atrás ese símbolo obstructor. Lección histórica: ningún esquema estatista que anule la iniciativa privada funciona. Y políticamente sólo hay dos opciones con futuro sostenible: el liberalismo humanizado para la derecha y la socialdemocracia actualizada para la izquierda.

Aquí hay dos escenarios para medir la viabilidad del futuro. Estemos vigilantes a lo que pase en cada uno de ellos. El momento es creativo por excelencia. Vivámoslo así, con todas las energías puestas en línea.

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