Tu voto cuenta

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Juan Héctor Vidal / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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También el mío. Con ello contribuimos a fortalecer la democracia y a proteger las libertades que la misma nos ofrece. Y esto lo debemos hacer permanentemente, especialmente en momentos en que el sistema está en riesgo, no solo por la ideología que guía al partido gobernante, sino porque sus líderes –totalmente despersonalizados– actúan como simples marionetas de un chavismo esclavizante dirigido desde Cuba. Tampoco se necesita comulgar con el fundamentalismo miope de la derecha para concluir que con nuestra indolencia, le haríamos más fácil la tarea a los falsos redentores.

A un poco más de un mes, tenemos nuevamente que poner a prueba la fortaleza del sistema; esta vez en un escenario dominado, como pocas veces, por el desencanto que provoca el comportamiento de los partidos políticos y un proceso electoral señalado por vicios de origen, fallas técnicas y administrativas, donde lo que resalta es la soberbia y la altanería de su principal conductor. Y en este ambiente enrarecido, se extiende cada vez más la noción de que el fraude es inevitable y, como un “mal menor”, la presencia de un elevado abstencionismo; esto último igualmente dañino para la consolidación del sistema. Para terminar de redondear el círculo, hoy un defenestrado político, mesiánico y cuestionado por una gestión ineficiente, está haciendo un llamado a anular el voto; o sea, que nos olvidemos de ejercer el derecho y el deber del sufragio, independientemente de nuestras inclinaciones partidarias. A este lo apoyó el profesor Sánchez Cerén, con el veto a los DUI vencidos.

Aun bajo la sospecha de que los partidos políticos y las entidades públicas han sido infiltrados por el crimen organizado que los financia, corrompe y compra voluntades –y consecuentemente prostituye el proceso electoral–, debemos estar conscientes de que de los próximos comicios depende en gran medida que el país empiece a salir del marasmo en que se encuentra, en lo económico, lo social y lo político, corrupción y delincuencia incluidas. Y algo más importante, de que nuestra incipiente democracia entre en una etapa de franca involución. Actuar con responsabilidad y patriotismo es la gran tarea que nos espera a todos aquellos que comulgamos con los principios filosóficos y los fundamentos institucionales de toda democracia liberal.

Consecuentemente, creo entender a quienes piensan que nuestro país continúa sin rumbo, pero igualmente sostengo que los salvadoreños tenemos una enorme reserva moral para no dejarnos vencer por la frustración y el desencanto. Como dice Vargas Losa: “Salir de sí mismo, ser otro, aunque sea ilusoriamente, es una manera de ser menos esclavo y experimentar los riesgos de la libertad”. Por eso, nuestro voto cuenta.

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Impresiona, cómo el chavismo y el FMLN practican la democracia interna para elegir a sus presidenciables, siguiendo las instrucciones de La Habana. Pero ARENA tampoco se queda atrás.

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