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Tuiteando un nuevo desorden mundial

La llegada de Donald Trump a la Presidencia de Estados Unidos de América (EUA), similar a la entrada de un elefante a una tienda de cristalería, ha implicado un cambio radical en la manera de hacer política tradicional así como tirar por la borda emblemáticos derechos humanos como el del libre tránsito y el asilo. Violando las más elementales normas de gobernar, Trump se ha permitido cambiar de un plumazo, a golpe de tuit, estatus financieros de países como México, propiciando el hundimiento del peso mexicano; leyes de migración, como en el caso de la supresión de visados y entradas a EUA, aun cuando posean una green card, a ciudadanos de países musulmanes como Irán, Irak, Siria, Libia, Yemen, Sudán o Somalia; o terremotos políticos alentando la eliminación de la Unión Europea, pidiendo más “brexits” y ensalzando a los líderes antieuropeístas más recalcitrantes como Marine Le Pen, candidata ultraderechista a la presidencia de Francia.
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La obsesión de la política exterior trumpeana se centra en dos países. Por un lado promueve la satanización de México, imponiéndole la construcción de un muro fronterizo absurdo e imposible de costear por el mismo país afectado, al tiempo que ataca generalizándolos como violadores, criminales y traficantes de drogas, a todos los ciudadanos del país azteca. Su objetivo es torpedear el Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, para, entre otros, desmontar la producción industrial de las compañías estadounidenses en suelo mexicano, con el propósito de hacerlas retornar a EUA so pena de aumentarles los impuestos y las tarifas arancelarias.

China es el otro frente de guerra mediática de los tuits de Trump, pues es desde 2014 la primera potencia económica mundial, según se desprende de los últimos datos del Fondo Monetario Internacional (FMI). Un suceso que llegó cinco años antes de lo esperado, ya que los pronósticos del FMI anunciaban ese cambio histórico hasta 2019.

Como bien lo señala Henry Kissinger y su teoría del “equilibrium”, un acercamiento de EUA a Rusia y un apoyo a sus posiciones geopolíticas en Ucrania, Siria y el Cáucaso, así como el pleno restablecimiento de relaciones comerciales y diplomáticas, traería un debilitamiento de las posiciones chinas, pues Rusia y el Imperio Celeste han tenido desde siempre serias divergencias geopolíticas.

Esta misma teoría fue la que utilizó Richard Nixon, bajo la dirección diplomática de Kissinger, cuando en la década de los setenta impulsó un acercamiento entre EUA y China, con el propósito de socavar la antigua Unión Soviética, que terminó desapareciendo.

No todo es caos y marrullería en esta antipolítica del desparpajo y de la banalización. El presidente Trump esconde ases bajo su manga, con el propósito de desmontar la gran amenaza amarilla del gigante asiático, cuya moneda, el yuang, está ya siendo utilizada en transacciones de gran calaje entre China e Irán y otras potencias económicas mundiales. Rusia parece ser una excusa para atizar la xenofobia contra China, a la que acusa de haberse inventado las amenazas del cambio climático para promover sus productos y eliminar competencias, y contra los musulmanes a los cuales califica de terroristas fundamentalistas que amenazan la existencia misma de la civilización occidental.

Este aprendiz de brujo ha invocado y desatado la tempestad. Ojalá y solo él termine ahogado en su diluvio de tuits e improperios.

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  • donald trump
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