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Tus hijos (y su educación...)

Los niños y niñas –parafraseando a Arno Stern– NO son seres inacabados, incompletos, imperfectos, que necesitan ser educados para lograr niveles de plenitud humana o ciudadana. Son seres humanos plenos per se...; su solo ser y presencia, lo que son y lo que pueden llegar a ser, representa un valor sustantivo existencial; y no debemos recurrir a ciertos argumentos emocionales, a la compasión, lástima o ternura para valorar lo importante que son. Debemos "respetar" y "confiar" siempre en los niños.

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Óscar Picardo Joao

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Pese a lo anterior, los adultos no tomamos muy en serio a los niños; los tratamos como depósitos que se deben llenar –diría Freire–; los castigamos, les exigimos comportamiento de adulto, les prohibimos muchas cosas; no respetamos los rituales y ritmos de la infancia, y lo peor: No valoramos la importancia del juego como elemento central de su desarrollo cognitivo, emocional y físico.

Aprender y jugar, o viceversa, son aspectos fundamentales de la niñez y de su plasticidad cerebral (el juego activa el centro emocional del niño, siempre..., el "juego" es el elemento y el medio de la niñez). En la formación del símbolo, según Piaget, el juego, el juguete y la imitación son fundamentales; en efecto, los niños comienzan a aprender desde que nacen sin que nadie les explique cómo aprender, el aprendizaje simplemente ocurre; y aprenden muchísimo en la etapa más temprana de la infancia, de su medio ambiente y familiar, de sus padres, madres, hermanos; y aunque no nos demos cuenta el hogar es muy pedagógico y todo deja huella.

Muchos coinciden en que cuando los niños llegan a la escuela se interrumpen cuatro procesos vitales de la niñez: 1) el asombro, 2) la emoción, 3) el juego y 4) el interés; y ya no hay espacio para esto porque se deben aprender otros elementos curriculares, memorizar, números, fonemas, reglas, fórmulas, etcétera. En este contexto forzoso, el niño se interesa por unos y rechaza otros de manera natural. Y al llegar a la escuela también aparece la odiosa comparación; grave error, no compare a su hijo con nadie; como afirmaba Mel Levine: "Mentes diferentes, aprendizajes diferentes". La estandarización etaria propicia la comparación y es terrible, cada niño es único. Ni hablar de los sistemas de evaluación... La escuela debe recuperar –pedagógica y didácticamente hablando– el asombro, la emoción, el juego y el interés en los niños, y esto repercutirá en creatividad.

Ningún niño es nulo en nada, los condicionamos, o tenemos padres o maestros que no saben educar, que replican modelos perversos y que no estimulan las capacidades de los niños; cada niño puede llegar a ser lo que él desee si lo respetamos y sabemos guiarlo. Si no somos buenos en algo es porque no nos interesa, no porque tengamos un defecto. Para aprender se necesita interés y emoción, y aprender sin esto es una verdadera pesadilla para los niños. Cuanto más se emociona un niño con algo –y si recibe el apoyo adecuado– puede ser brillante, excepcional, especialista o simplemente muy feliz...

Existen ocho sistemas neuroevolutivos –QED Foundation–: Atención, Memoria, Sistema lingüístico, Ordenación espacial, Ordenación secuencial, Sistema motor, Pensamiento Social y Pensamiento Superior; y no todos somos buenos en todo, debemos conocer bien a los niños para potenciar sus capacidades desarrolladas y/o fortalecer sus áreas débiles, pero con los mecanismos y oportunidades adecuadas.

Pronto en UFG Editores publicaremos el libro La Curva del Aprendizaje; esperemos que sea una herramienta fundamental para docentes, padres y madres. Para conocer más, visite: www.iiasv.org

PD: A mis hijos les debo unas disculpas, pude haber sido mejor educador con ellos.

A propósito: Tocar a los niños SÍ es delito...

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  • niños
  • aprender
  • jugar
  • procesos vitales
  • sistemas neuroevolutivos

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