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¿Un Estado Social y Democrático de Derecho en El Salvador? (I)

Liderando los homicidios a nivel mundial y el bajo crecimiento, el endeudamiento público y la vulnerabilidad social y medioambiental en Latinoamérica, con alta polarización entre dos polos antagónicos, ¿sería posible?
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“De los Acuerdos de Paz al Estado Social y Democrático de Derecho” se titula el libro de dos tomos y 756 páginas del Dr. Mario Solano que será presentado este día a las 10 a. m. en el Auditorio de La Paz de la Universidad Tecnológica en su 35.º aniversario. Tres miembros de su Senado Consultivo comentaremos esta obra. Identificándome plenamente con la perspectiva y utopía del autor de un Estado Social y Democrático de Derecho en El Salvador, mis comentarios se centran en los desafíos económicos y políticos de semejante apuesta para nuestro país.

A la par de un exhaustivo recorrido histórico, filosófico y del pensamiento económico, el autor analiza la evolución constitucional a nivel internacional y en El Salvador en particular, y se refiere explícitamente a la contradicción entre los proyectos liberal y social: “El primero desde la fundación de la república y el segundo a partir de la Constitución de 1950 en gran medida, aunque con valores diferentes, contrarios e irreconciliables en sus propios términos, libertad e igualdad como lo ha afirmado Hayek, posición no compartida en esta obra, precisamente porque el Estado Social y Democrático de Derecho, que es el que hay que promover y comprometerse con él, tiene como objetivo resolver la aparente contradicción. La Constitución tiene el marco mínimo de referencia y debemos seguir sus principios, disposiciones y valores; posteriormente reformarla para armonizarla con los postulados actuales del derecho constitucional y las normas internacionales”.

El autor se refiere explícitamente a la tercera posición para crear una tercera vía entre neoliberales y socialistas citando a los juristas alemanes que proclamaron el Estado Social, “como una respuesta a los desajustes sociales provocados en aquel momento por el liberalismo y su sistema capitalista, que en el marco de su tendencia obsesiva a la acumulación, produjeron lo que todavía sigue siendo una sociedad exclusivista, marginadora e injusta”, citando a continuación el aparecimiento de la tendencia y partido social demócrata alemán, encíclicas papales y el Estado de Bienestar, que “han dejado una posibilidad más razonable, que el constitucionalismo actual, retoma y privilegia para conformar el Estado Social y Democrático de Derecho”.

Luego, el autor retoma la crítica de Fukuyama y su fin de la historia que “pronostica el triunfo definitivo del liberalismo económico y político, una vez derrotados sucesivamente los totalitarismos fascistas y comunistas –“la democracia liberal constituye la mejor solución al problema humano”– con un comentario de gran actualidad: “Menosprecia la posibilidad de que los rezagados, envueltos en la miseria, conscientes de sufrir una creciente desigualdad, multipliquen los estallidos de protesta o planteen alternativas al feliz dominio de las democracias poshistóricas, y sobre todo la perspectiva que la religión sirva, no solo para suscitar conflictos locales, sino para apoyarse en el subdesarrollo y enfrentarse mediante el terror a escala mundial...”.

A continuación el autor se encarga del Consenso de Washington y del neoliberalismo y sus diversas corrientes, rescatando a Rawls que “se inscribe en la corriente del Estado Social y Democrático de Derecho, en el sentido que esta forma de Estado de Derecho tiene en cuenta el ámbito social, el ejercicio de la democracia en el marco del derecho, de tal manera que una correcta distribución de los bienes, de acuerdo con las posibilidades de una sociedad determinada, es el ideal..., reafirmando que esta forma de Estado es el que mantiene el respeto a los individuos como tales pero incorporados a la sociedad a la que pertenecen, por la vía de la fraternidad, de la solidaridad y del respeto recíproco; de igual manera el ejercicio de la democracia impide la formación de gobiernos dictatoriales de cualquier signo que en nombre de la justicia social, cometen graves violaciones a los derechos fundamentales... En el Estado Social y Democrático se mantienen los principios del derecho liberal. Los derechos sociales y culturales, los derechos emergentes, etc., teniendo en cuenta los presupuestos, los valores y los principios del Estado de Derecho.

Contrastando al Nozcik neoliberal del Estado mínimo con el Rawls social-demócrata, el autor afirma: “Esta teoría podría ser válida en países desarrollados, no en El Salvador, donde operaría la idea contraria, el Estado mínimo desviaría los fines del poder, a generar más poder entre los detentadores de los poderes fácticos, los que tienen acceso al poder del Estado, ya sea mínimo o no. Entre nosotros sería dejar sin control a sectores que controlan la actividad mercantil, financiera, agroexportadora, etc., que no ha renunciado, ni renunciaría al poder político que han controlado siempre; dejaría sin protección a las mayorías utilizando los mismos métodos del pasado; se trata entonces de fortalecer el Estado Social y Democrático de Derecho, mantener un grado de control en la redistribución, la reducción de la pobreza mediante programas sociales, de salud, educación, medioambiente, etc., pero incorporando a los miembros de la sociedad a participar democráticamente en la dinámica del poder...”.

Liderando los homicidios a nivel mundial, y el bajo crecimiento, el endeudamiento público y la vulnerabilidad social y medioambiental en Latinoamérica, con alta polarización entre dos polos antagónicos, ¿sería posible un Estado Democrático y Social de Derecho en El Salvador? (Continuará).

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