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¿Un Estado Social y Democrático de Derecho en El Salvador? (II)

Esta obra de erudición histórica, teórica y jurisprudencial es, probablemente, la crítica del Estado salvadoreño y del poder más severa que jamás se haya formulado de nuestra historia.
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Refiriéndose al Estado Integrador, el autor afirma: “El Estado Social prevé la integración de las clases sociales menos favorecidas, evitando la exclusión y la marginación, a través de la compensación de la desigualdades y de la redistribución de la renta por medio de los impuestos y el gasto público. Utiliza instrumentos como los sistemas de salud y sanidad (..., controlados por el Estado, obligatorios, universales, gratuitos y subvencionados), financiados con cotizaciones sociales. Se tiende a la intervención en el mercado y la planificación de la economía...”.

Y refiriéndose a la Democracia Social, el autor la define como “el ejercicio de participación de los ciudadanos en la construcción..., de una sociedad libre, segura, justa y solidaria, sustentada en la verdad y en la honestidad, es decir un marco de valores, protegido por los principios filosóficos propios de una constitución democrática que es norma suprema con eficacia normativa directa, capaz de convertir al Estado en el poder jurídico promotor de bienestar social en justicia y libertad”.

Esta obra de enorme erudición histórica, teórica y jurisprudencial es, probablemente, la crítica del Estado salvadoreño más severa y sistemática que jamás se haya formulado, y su propuesta de refundación social y democrático-constitucional, la más avanzada de nuestra historia. Pero partiendo de las realidades de nuestro emproblemado país y de este ultracompetitivo mundo global que nos determina, su propuesta parece una utopía democrática y social repleta de obstáculos para su progresiva ejecución.

El autor comienza recordándonos a Hobbes que sostuvo que el principal fin de la actividad del Estado es proporcionar seguridad, afirmando que “de otra manera es muy difícil que se logre el crecimiento y desarrollo económico que trascienda la visión estrecha de la acumulación y de las ganancias personales o sectoriales”. Pero son más de 60,000 jóvenes al año los que entran al mercado de trabajo mientras la economía solo crea 8 mil empleos no decentes, dejándoles a los jóvenes tres opciones: irse a las maras, a EUA o al sector informal que la Asociación Salvadoreña de Industriales afirmó recientemente que pasó del 50 al 70 % del empleo y de la actividad económica en la última década y media.

Como lo afirmé nuevamente: “Ningún país puede desarrollarse y progresar consumiendo más de lo que produce, gastando mucho más de lo que gana, importando mucho más de lo que exporta, y financiando durante un cuarto de siglo estos enormes desequilibrios y déficits con el éxodo y remesas de su gente y el endeudamiento creciente. O producimos y exportamos cada vez más, o la prosperidad y el futuro se alejarán aún más, con la postración y la pobreza, el retraso y el conflicto instalados en la vida cotidiana de nuestro pueblo” (Alberto Arene, “Es la producción y las exportaciones, estúpido...” (II), (LPG, 19.5.2016).

Efectivamente, frente a tantos y tan grandes rezagos, brechas, déficits, desequilibrios y deudas acumuladas, y tan poca inversión y crecimiento, debemos desarrollar aceleradamente la base productiva y exportadora del país para proporcionar empleos y salarios decentes, ingresos fiscales crecientes, reducir el déficit fiscal, contener gastos superfluos, detener el crecimiento de la deuda pública, amortizar y disminuir su saldo, hasta lograr superávits crecientes para financiar las brechas enormes en seguridad ciudadana, educación, salud, seguridad social, vivienda, infraestructura y medioambiente. Para lograrlo necesitamos cada vez mayor inversión privada, particularmente aquella en sectores estratégicos de mayor productividad y competitividad, acompañada de una moderna reforma fiscal integral.

Una arquitectura constitucional tan progresista y avanzada de derechos y deberes no tendría viabilidad alguna sin un gran proyecto de desarrollo económico y social. Las grandes expectativas y demandas creadas en diversos sectores sociales terminarían en la represión del Estado para contener demandas crecientes sin capacidad de ser satisfechas por la economía y el Estado. Contrariamente, cuando hay inversión y crecimiento aumenta la demanda de mano de obra y los ingresos de las empresas y el Estado, fortaleciéndose la capacidad de negociación de los trabajadores y de diversos sectores sociales para obtener mejores salarios y prestaciones sociales.

Para esto es imperativo transformar el lento y burocrático Estado salvadoreño, perfectamente organizado para promover la pobreza sostenible. Se necesita el impulso de un Estado Emprendedor, que fomente la creación sostenida de riqueza, estimulando la inversión privada, particularmente en los sectores estratégicos llamados a transformar la economía del estancamiento a la prosperidad. Un Estado fuerte e inteligente, conformado por ciudadanos capaces y honestos, servidores públicos independientes de intereses especiales, de poderes fácticos, patrimonialistas y oligárquicos, pero también modernizadores y globalizadores formados y comprometidos en la creación sostenida de riqueza y su mejor y más eficaz distribución.

Necesitamos entonces un Estado Emprendedor, Social y Democrático de Derecho para transformar progresivamente este Estado fallido que una vez más nos tiene sumidos en la violencia, la postración y la desesperanza. Solo así, Dr. Solano, se podría resolver la aparente contradicción por usted acertadamente planteada, entre los proyectos liberal y social.

Tags:

  • estado social
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