Un Estado dentro de otro

Desde hace varios años se mencionó la idea de que aparentamos estar en un Estado dentro de otro, haciendo relación al problema de que los ciudadanos estamos bajo dos gobiernos, uno legalmente constituido y otro que manda a la pura fuerteza y a mano armada.
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A estas alturas el ilegítimo se enfrenta en abierta guerra, casi en igualdad de armamento, aunque con menor experiencia porque son “la boca de cañón”. Son elementos jóvenes y niños recién y fácilmente reclutados con amor, dulces, dinero fácil y sobre todo carentes de formación moral, cívica, principios y sentimientos espirituales, que se han eliminado de la enseñanza primaria y secundaria obligatoria, dizque por materias tecnológicas.

A un gobierno se le pagan impuestos y al otro “renta”. A uno le cuesta cobrarlos al irregular con rapidez y eficiencia (o pagas o te mueres), obligan a que el transporte se paralice cuando así lo deciden o les queman sus unidades, hasta con pasajeros. Quien camina o trabaja en zona dominada por “pandilla” contraria es asesinado; unos mandan desde lujosas oficinas y con seguridad, los otros desde los centros penales y también con “seguridad” (vigilancia).

En el Estado de derecho se juzga a quien comete un delito, no hay pena de muerte, el contrario no juzga, solo sentencia y declara la muerte a quien sea y por lo que sea con lujo de violencia, desmembrando cuerpos, decapitando y jugando al fútbol con las cabezas de sus víctimas, entonando canciones macabras mientras efectúan el crimen, quemando o enterrando los cuerpos donde quieren.

En uno, los presupuestos de gastos e inversiones son engorrosos y fuertemente discutidos, los otros ya están definidos: armas, drogas, ayuda a los integrantes o a sus familiares; sus relaciones exteriores en el legal son con gobiernos de otros países, en cambio en los otros son con narcos traficantes de armas y drogas del exterior. Los equipos de investigación para determinar a quiénes “rentear” o “hacerlos desaparecer” y dónde son más eficientes que los del Estado de derecho, que además de llevarles hasta años para ubicarlos y procesarlos, a los otros solo les lleva días y cumplen su cometido.

Así vamos caminando lastimosamente en este país, en el que se obliga a la población a mantenerse aterrorizada, sumisa y pasiva en todo sentido. Desde un humilde hogar hasta todo nivel de empresarios, ¿qué nos espera si no se toman medidas urgentes realmente efectivas, comenzando desde el cuido a la niñez con leyes especiales y drásticas para evitar el abandono total de la familia, la educación integral y no solo técnica, la ordenación y vigilancia de las pequeñas comunidades que se prestan a la promiscuidad y mala convivencia social?

Adivine el lector a qué Estado le corresponde esta orientación: Solo el gobierno sería capaz de investigar cómo y por qué se ha llegado a estos extremos y buscar los sistemas, métodos o formas de corregir los errores cometidos por nuestros pasados gobernantes desde hace más de 30 años, que permitieron llegar a lo que estamos sufriendo.

Basta recorrer mentalmente con ayuda de estadísticas para advertir los cambios sociológicos habidos en todo este tiempo, desde la indisciplina, falta de respeto a los semejantes, a los maestros y a la vida.

En estas circunstancias se necesita la participación ciudadana para analizar el grave problema y proyectar el país que anhelamos. Pensemos en nuestros hijos del futuro El Salvador.

Desconocemos los objetivos del Plan El Salvador Seguro, menos cómo prevenir el delito y evitar que más jovencitos incrementen las pandillas, no obstante haber aumentado el número de los muertos y de los pandilleros ha crecido.

Tags:

  • centros penales
  • vigilancia
  • indisciplina
  • violencia

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