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Un ajuste obligado

Una misión del Fondo Monetario Internacional visitó recientemente el país y dejó un informe en el que se citan varias observaciones que han sido casi lugares comunes (demasiado sabido) en este espacio. Pero esta vez es el FMI el que las externa y entonces las recomendaciones adquieren más credibilidad y atención.
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Una síntesis del informe publicada en este medio de comunicación (LPG) señala una especie de sentencia, al aseverar “que el país crecerá cada vez menos. Según el Fondo, El Salvador crecerá 2.4 % en 2017 y poco a poco su crecimiento anual girará en torno al 2 %. Ese es su potencial de crecimiento, afirman”.

Esa premonición debería sonar a reto para las autoridades gubernamentales, sector empresarial y sociedad en general, en un contexto de mucha conciencia y responsabilidad de la generación presente. Debiese constituirse en una meta el revertir esa tendencia y por el contrario pretender llegar a un 3 %.

“El FMI retomó su planteamiento de aumentar a 15 % la retención del IVA, en lugar del 13 % actual, y aprobar un impuesto al patrimonio. Por lógica, esas peticiones requieren de un acuerdo social que dicho organismo lo califica de amplio, puesto que no podría ser en otro contexto, debido a la extrema polarización existente en el país, que lógicamente es señalada por el FMI y que el suscrito intuye se percibe por extraños como una deformación cultural, puesto que dicho fenómeno trasciende el lenguaje o el ámbito de los políticos e impide que un mayor potencial productivo, conciencia ciudadana y mayor cobertura de recaudación fiscal convierta las sugerencias en factibles.

Un aspecto que no podía dejar de enfatizar el FMI es el problema de las pensiones que puede calificarse de estructural, puesto que se ha vuelto un obstáculo, que impide un desenvolvimiento normal de las finanzas públicas; debiendo de figurar ese gasto dentro del presupuesto general y no como deuda pública de largo plazo.

Daniel Kanda, jefe misión del FMI El Salvador, “se refirió también a otros desafíos estructurales del país: el bajo crecimiento (con un potencial del 2 %), inversión limitada, altos índices de crimen, altos costos de logística, vulnerabilidad a desastres naturales y la inmigración” (fuga de cerebros, un agregado personal, puesto que reduce a futuro el conocimiento como factor productivo en una función de producción ampliada); 20 % de los salvadoreños vive en el extranjero, subraya el FMI.

Todas estas anormalidades han sido señaladas en este espacio en muchas ocasiones. El país necesita y con urgencia, para evitar el agravamiento del fenómeno socio-económico y político, de un ajuste mayor haciendo una semejanza de un país con un motor, sin mayores dilaciones, de afinados, o de cortinas de humo para distraer la atención; prácticas que cada día se vuelven más evidentes como estrategia dilatoria. El ajuste generalmente se refiere al área fiscal, pero en este caso la dilación y la acumulación de los fenómenos nos obligan a un ajuste sui géneris, que incluso comprende el área cultural, que me atrevería a situarla, por deformaciones acumuladas, como premisa para lograr la fuga del subdesarrollo y la subcultura: un renacer país.

Según lo subraya LPG, “el informe completo que elaboró el FMI consigna que la confianza puede construirse, que no será un cambio de la noche a la mañana”. He acudido al interesante espacio citado por este medio de comunicación, por considerarlo de vital importancia para un conocimiento más amplio de la ciudadanía, puesto que en él se subrayan aspectos vitales que me imagino han sido analizados ampliamente en el informe oficial.

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