Un apoyo decisivo que hay que saber aprovechar en beneficio del desarrollo integral del país

Es básico que la administración de los recursos que nos correspondan del monto ofrecido se haga bajo control compartido con el donante, como ocurre con los compactos del FOMILENIO.
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El Gobierno estadounidense ha anunciado una ayuda especial a los países del llamado Triángulo Norte de Centroamérica (El Salvador, Guatemala y Honduras) por una cantidad que de entrada llegará a los mil millones de dólares. Se trata sin duda de un aporte de gran trascendencia, no sólo por lo que significa en recursos monetarios disponibles sino también por lo que representa como elemento unificador de las estrategias subregionales para encarar los más grandes desafíos que tienen nuestro países, asediados por la inseguridad generalizada, por los desniveles del progreso social y por las complicaciones estructurales y administrativas para impulsar el desarrollo.

Este apoyo tan sustancial no ha surgido casualmente o por mero impulso de cooperación: es claro producto de lo que la realidad nos está mostrando a todos para empujarnos a asumir las responsabilidades crecientemente compartidas. Según hemos señalado tantas veces, fenómenos como la emigración masiva hacia el Norte y como la inseguridad detonada en gran medida por el accionar del crimen organizado en todos nuestros países, en particular en lo referente al auge del narcotráfico, determinan tareas inevitablemente conjuntas; y nada de lo que se haga en forma aislada tendrá efectos sustanciales y sostenibles. Hay que trabajar en común, y apoyarse mutuamente en la forma que a cada quien le corresponda. Esto es lo que estamos viendo emerger, y se trata de signos en la dirección del realismo que todos necesitamos como norma de conducta y de procedimiento.

El apoyo aludido se junta, en nuestro caso, con la puesta en práctica del FOMILENIO II, lo cual constituye en conjunto una gran apertura de oportunidades para impulsar y consolidar el desarrollo en todos los órdenes. La clave estará, por supuesto, en la forma en que se logre organizar el aprovechamiento concreto de este gran flujo de fondos, y de la manera en que lo que se haga vaya convirtiéndose en detonante de progreso continuado en el tiempo. Hay que cuidar muy bien que no se repita lo que hasta el momento ha ocurrido con las acciones que se desarrollaron en el marco del FOMILENIO I en la zona norte del país: todo quedó prácticamente en el aire cuando concluyó la ejecución del proyecto original, y hasta la Carretera Longitudinal del Norte está en creciente deterioro.

Es básico que la administración de los recursos que nos correspondan del monto ofrecido se haga bajo control compartido con el donante, como ocurre con los compactos del FOMILENIO. Lo más importante de todo es que no se vaya a desperdiciar otra oportunidad de activar los motores del desarrollo, como ha ocurrido de manera reiterada en el pasado más reciente.

El país está necesitando, más que nunca, optimizar la gestión de sus posibilidades, independientemente de las fuentes que las generen. Y por ello se vuelve cada día más urgente contar con un proyecto nacional que les dé la debida orientación integrada a todas las iniciativas que se pongan en marcha. Desafortunadamente aún no se ven indicios claros de que dicho proyecto esté en vías de definirse como tal, lo cual es un factor muy desestimulante en todos los campos, como se puede constatar en los hechos.

Esperamos que haya voluntad y capacidad suficientes para evitar nuevas frustraciones en el quehacer por venir. El país y su gente merecen mejores desempeños por parte de todos.

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