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Un baño de democracia

Nuestra democracia es joven. Tiene 24 años. Inició en 1994 cuando por primera vez el FMLN fue una opción electoral entre 7 u 8 más. Conocemos de dónde venimos y reconocemos el significado de los Acuerdos políticos que llevaron a la paz, pero muchos esperamos cambios sin reconocer el poder de la ciudadanía en el gobierno.

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Sandra de Barraza / Columnista de LA PRENSA GRÁFICA

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La participación electoral el 4 de marzo está dentro de un margen aceptable de 45 % un poco más un poco menos. En las elecciones de 2015 la participación fue de 45.9 % y la de 2006 del 52.6 %. El porcentaje de participación de 2009 fue más alto, 57.75 %, pero esas fueron elecciones generales. En un país en donde el voto no es obligatorio y tiene una cultura presidencialista, considero que el porcentaje es aceptable. ¿Quiénes no votaron? Los que no creen en la democracia.

La Constitución de la República establece que el Gobierno de El Salvador es democrático, republicano y representativo (art. 85), y aunque usted no lo crea, no todos los salvadoreños apoyan la democracia como la mejor forma de gobierno. Con la participación electoral, puede afirmarse que prácticamente la mitad de los ciudadanos delega su derecho a la otra mitad. Y esto es ¿exceso de confianza?, ¿comodidad?, ¿indiferencia?, ¿frustración?

El Estudio Comparado sobre Democracia y Gobernabilidad (LAPOP 2016/2017) estableció que “aunque la mayoría de los ciudadanos apoyan a la democracia” el porcentaje que apoya la democracia en El Salvador disminuyó del 67.8 % en 2004 al 54.6 % en 2016. El porcentaje de participación electoral la ubican en un rango intermedio (72.2 %). Establecen que la participación de los jóvenes es la más baja (42.3 %) y que la gente con menos escolaridad y que reside en el área rural es la que tiene más confianza en las elecciones.

Somos un país democrático con tareas pendientes. La educación nacional debe contribuir a la construcción de una sociedad democrática. ¿Lo hace? Los partidos políticos deben contribuir al pluralismo democrático y asegurar la alternabilidad. Esto exige ejercitar internamente la democracia y asegurar el vínculo con los representados para que efectivamente sea legítima la representación del pueblo dentro del gobierno. No hay que perderse.

A pesar de cualquier crítica, el 4 de marzo tuvimos un baño de democracia. El pueblo que se presentó a las urnas ejerció su derecho a elegir. Cierto. El pueblo que se presentó demostró que su preferencia no es la de los dirigentes partidarios. Al votar por rostro, el listado que ofreció el partido no se aceptó irreflexivamente. Los resultados demuestran que el pueblo confirmó algunos, subió a otros, a uno que otro lo bajó y a otros los eliminó del menú.

Dijo el Tribunal Supremo Electoral (TSE) que en San Salvador y La Libertad el conteo fue más complejo. Y es porque en estos departamentos el voto fue por rostro y seguramente cruzado. Los votantes cambiaron los rostros y la correlación en la Asamblea Legislativa. Dicen que nuestro sistema es muy complejo. Puede ser. Dicen que el presupuesto que solicitó el TSE no fue el autorizado. Cierto.

Pero a pesar de todo, la sensación es que hemos mejorado con relación a 2015. Uno de los informes preliminares de observadores lo confirma. Hay áreas de mejora. Cierto. Pero el 4 de marzo pasó y deja al menos dos tareas urgentes: la depuración del padrón electoral y la educación cívica para desarrollar cultura política.

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