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Un buen Padre

El 17 de junio celebramos el Día del Padre. El papa Francisco nos ha hecho que reflexionemos sobre el significado de ser un buen padre.
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“No se podrían expresar mejor el orgullo y la emoción de un padre que reconoce haber transmitido a su hijo lo que realmente importa en la vida: un corazón sabio”, dijo el papa.

El legado de un buen padre: un buen hijo. Cada familia necesita un padre. En el Libro de los Proverbios se pueden leer las palabras que un padre dirige a su hijo:

“Hijo mío, si tu corazón es sabio, también el mío se llenará de alegría. Exultaré dentro de mí, cuando tus labios hablen con rectitud”.

No se podrían expresar mejor el orgullo y la emoción de un padre que reconoce haber transmitido a su hijo lo que realmente importa en la vida: un corazón sabio. En la frase del Libro de los Proverbios es como si el padre dijese: “Esto es lo que quería dejarte para que se convirtiera en algo tuyo: la capacidad de sentir y actuar, de hablar y juzgar con sabiduría y rectitud. Y para que tú pudieras ser así te he enseñado cosas que no sabías y he corregido los errores que no veías. Yo en primer lugar tuve que poner a prueba la sabiduría del corazón, y vigilar los excesos del sentimiento y el resentimiento, para soportar el peso de los malentendidos inevitables y encontrar las palabras adecuadas para hacerme entender”.

Un padre sabe cuánto cuesta transmitir este legado: cuánta proximidad, cuánta dulzura y cuánta firmeza. Pero, ¡qué consuelo y qué recompensa recibe, cuando los hijos rinden honor a esta herencia! Es una alegría que compensa todas las fatigas, supera cualquier malentendido y cura todas las heridas.

Para ser un buen padre, lo primero es estar presente en la familia.

Debe estar cerca de la esposa, para compartir todo, alegrías y tristezas, esperanzas y esfuerzos. Debe estar cerca de los hijos mientras crecen: cuando juegan y cuando se esfuerzan, cuando están alegres y cuando están angustiados, cuando se expresan y cuando callan, cuando se atreven, y cuando tienen miedo, cuando dan un paso en falso y cuando encuentran su camino. Debe estar presente siempre. Pero decir presente no es lo mismo que decir controlador. Porque los padres controladores anulan a sus hijos, no les dejan crecer.

El Evangelio nos habla del ejemplo del Padre que está en el cielo, el único, dice Jesús, que puede ser llamado verdaderamente “Padre bueno”. Todos conocemos la extraordinaria “parábola del hijo pródigo”, o más bien, del “padre misericordioso”, que se narra en el Evangelio de Lucas. ¡Cuánta dignidad y cuánta ternura hay en la espera del padre que está esperando el regreso de su hijo!

Los padres deben ser pacientes. Tantas veces no se puede hacer nada más que esperar; rezar y esperar con paciencia, dulzura, magnanimidad, misericordia. Un buen padre sabe esperar, y sabe perdonar, desde el fondo de su corazón; ciertamente también sabe corregir con firmeza... El padre que sabe cómo corregir sin humillar es el mismo que sabe proteger sin ahorrar esfuerzos.

Si hay alguien que pueda explicar hasta el fondo la oración del Padre Nuestro, que nos enseñó Jesús, es solamente aquel que vive en primera persona la paternidad. Por eso necesitamos la gracia que viene del Padre que está en los cielos.

Pidamos al Señor esa gracia para aprender a ser buenos padres, que ayuden a sus hijos a conquistar el Cielo, que es lo único que verdaderamente importa. Si no, habríamos fracasado y desperdiciado una vida, que era para Dios.

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