Un cambio interesante en la cúpula educativa

...Quien alguna vez sintió genuina pasión por la educación, no pierde esas inclinaciones; al contrario, las fortalece con el conocimiento y la experiencia de otras dimensiones de la vida.
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Un cambio interesante en la cúpula educativa

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<br /><p>La designación del nuevo ministro de Educación tomó por sorpresa a casi todos los protagonistas y observadores de la educación pública en nuestro país. Aplicando una lógica inercial, muchos habían especulado que uno de los dos viceministros ascendería a la más alta posición para llenar el vacío tras la renuncia de Salvador Sánchez Cerén. Sin embargo, el presidente Funes decidió algo muy diferente al nombrar para el cargo a su hombre de mayor confianza, hasta hoy secretario de Asuntos Estratégicos.</p><p>En cierto sentido, Franzi “Hato” Hasbún llega al Ministerio de Educación a continuar las mismas funciones que tenía, solo que con un énfasis diferente, porque si algún asunto es estratégico para cualquier país es la educación de sus ciudadanos. Ojalá esa sea, en efecto, la visión del presidente y el mensaje oculto tras el nombramiento. A esa tesis abona la breve explicación que dio el presidente cuando afirmó, en una entrevista televisiva el pasado lunes, que la educación necesitaba un nuevo impulso.</p><p>Si esa es realmente la intención, el nombramiento es muy atinado, porque Hato ha sido siempre un hombre creativo y apasionado. Definitivamente no es un funcionario que se contenta con cuidar la tienda o detener la peña hasta que termine el período presidencial.</p><p>Y para la educación es una buena noticia tener un ministro con acceso real al presidente, porque en lo que va del actual gobierno, al Ministerio de Educación no le han faltado buenas ideas, lo que le ha faltado es el financiamiento y apoyo que debió haber recibido desde un principio si la educación hubiese sido vista como una verdadera prioridad para el desarrollo económico y social. ¿Y qué sabe Hato de educación?, podrían preguntarse quienes no lo conocen más atrás de su rol visible en la pasada campaña presidencial y en el cargo político que recién deja. Yo me atrevo a decir que sabe lo más importante que un ministro debe saber. Fue maestro de secundaria y parte de un equipo docente que tenía mística, que trabajaba jornadas largas, con mucho entusiasmo y dedicación, para despertar en sus estudiantes el gusto por aprender, un equipo docente que asumió, más allá de la estricta obligación, su delicada misión de transformar mentes y corazones, cultivar valores, enseñar a pensar y mostrar a los estudiantes el valor de la filosofía y la literatura para el entendimiento de la historia y la transformación de la sociedad.</p><p>De ese equipo docente fue parte también Héctor Samour, actual viceministro de Educación, quien más adelante dedicó su vida, con la misma pasión, a la docencia universitaria y a la producción intelectual. Entre aquellos y los actuales tiempos hubo una guerra que, habiendo ocasionado irreparables pérdidas humanas y materiales, dio paso a una oportunidad histórica de reconciliación y de construcción, todavía en marcha, de cultura e institucionalidad democrática. Nuestro cabello es ahora más blanco o más escaso, pero quien alguna vez sintió genuina pasión por la educación, no pierde esas inclinaciones; al contrario, las fortalece con el conocimiento y la experiencia de otras dimensiones de la vida.</p><p>Queda poco tiempo para impulsar la educación desde el actual gobierno. Los problemas son grandes y las limitaciones muchas. La escuela es una de las instituciones más resistentes al cambio en cualquier sociedad. Suele hacer bien su trabajo como guardián de la tradición, pero le cuesta encontrar la manera de convertirse en agente de cambio. Por eso es tan importante abordar la misión de conducir el sistema educativo con la convicción que solo pueden tener los que en algún momento han sido artífices de procesos exitosos de cambio en la cultura institucional de una escuela.</p><p>Con más de 50,000 maestros y varios miles de funcionarios y empleados administrativos, el Ministerio de Educación es la empresa más grande y más compleja que tiene El Salvador. Y en las instituciones tiene validez aquella ley de las ciencias físicas que establece una relación directamente proporcional entre masa e inercia.</p><p>El error de muchos ministros de Educación es pensar que un sistema tan grande se puede cambiar desde arriba. Espero que las nuevas autoridades de Educación no olviden que lo más importante son los estudiantes y sus maestros. ¡Buena suerte!</p><p>&nbsp;</p>

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