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Un caso de psicoanálisis antes de Freud

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Rafael Mejía Scaffini

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El psicoanálisis otorga mucha importancia al carácter histórico de la psiquis humana, de ahí que busca identificar el origen de los comportamientos neuróticos en nuestro pasado. Sostiene que cada uno de nosotros enfrentamos experiencias traumáticas desde nuestro nacimiento y, aunque parezcan olvidadas, siguen presentes y son susceptibles de manifestarse en cualquier momento.

Su fundador, Sigmund Freud (1856-1939), argumenta sobre la existencia de la mente consciente e inconsciente, y propone identificar esos episodios traumáticos escondidos en el inconsciente para racionalizarlos y sanarlos.

Algo similar encontramos en la Biblia, donde se relata la historia de Mefiboset, hijo de Jonatán, nieto del rey Saúl, quien tenía cinco años cuando las tropas enemigas penetraron en Jerusalén (1000 a. de C.) y mataron a su padre y a su abuelo. Su nodriza, para protegerlo, lo cargó y lo sacó corriendo del palacio, sin embargo tropezó y el pequeño príncipe cayó al suelo fracturándose los pies, quedando lisiado para toda su vida.

Mefiboset, además de quedar huérfano de abuelo, de padre y de tíos, quedó inválido, fue despojado de sus tierras, sus bienes y de todos los privilegios del palacio. Para evitar ser asesinado por los enemigos de su familia, vivió refugiado en una ciudad extranjera lejos de Jerusalén llamada Lodebar, que significa tierra árida, lugar inhóspito donde se refugiaban los mendigos, despojados, perseguidos, abusados y golpeados por la vida, o aquellos que habían caído en desgracia.

Cuando David fue proclamado rey, se acordó de Jonatán, su amigo, con quien había establecido un pacto de encargarse mutuamente de sus familias. David no sabía si había quedado vivo algún familiar de Jonatán, por lo que preguntó a Siba, antiguo siervo de Saúl, quien le relata la historia y existencia de Mefiboset.

David pide que lo traigan al palacio. Al llegar, Mefiboset se arrodilla y le dice: "He aquí tu siervo". David le contesta: "No tengas temor, porque yo a la verdad haré contigo misericordia por amor de Jonatán tu padre, y te devolveré todas las tierras de Saúl tu padre; y tú comerás siempre a mi mesa". Y él inclinándose, dijo: "¿Quién es tu siervo, para que mires a un perro muerto como yo?" (2 Sam. 9. 7-8).

La respuesta de Mefiboset, cuyo nombre significa "el que lleva vergüenza en sí mismo", revela su baja autoestima, pues siendo príncipe se consideraba un perro muerto. Sin embargo, Dios deseaba, por medio de David, acogerlo y modificar la percepción que tenía de sí mismo.

Esta historia se asemeja a la de muchos de nosotros, que por haber sufrido discapacidades físicas o mentales, por padecer enfermedades o por haber sido heridos emocionalmente, guardamos en nuestro corazón resentimiento o frustración, lo que nos impide llevar una vida emocionalmente sana.

Dios desea sanar nuestro pasado. Durante el éxodo de Israel, el pueblo judío llevó los huesos de José desde Egipto hasta Canaán: "Tomó también consigo Moisés los huesos de José, el cual había juramentado a los hijos de Israel, diciendo: Dios ciertamente os visitará, y haréis subir mis huesos de aquí con vosotros" (Ex 13.19). Con este acto, Dios anunciaba que la liberación no solo tiene que ver con la opresión presente, sino con la carga que llevamos por nuestro pasado.

Recordemos que los huesos en la Biblia tienen que ver con la vida y la muerte. La liberación de nuestro pasado es indispensable para vivir bien nuestro presente, y esto demanda dos cosas: valor para enfrentarlo y humildad para dejarnos acompañar por Él.

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