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Un emergente

Hace tiempo leí en alguna parte: “Todos los hombres somos malos, si somos buenos es por necesidad”. Creo que hay excepciones. Por lo general a la naturaleza humana casi siempre nos mueve un interés, “no damos puntada sin dedal”.
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Dentro de los sondeos de aceptación ha mermado la credibilidad de los partidos políticos mayoritarios de nuestro país, la gente está desencantada, hablando en la jerga popular, algunos salvadoreños “ya nos topamos de cuerda”, otros están hastiados de escuchar señalamientos, con ese lenguaje cáustico, se necesita un armisticio, un cese de hostilidades verbales de los partidos, de lo contrario se van a ver afectados en sus preferencias electorales.

Ideologías políticas ya sean de derecha o de izquierda han perdido su esencia, tuvieron su momento, los tiempos son mutantes, nos quedamos anquilosados en nuestra enjuta memoria, con teorías y creencias que son anacrónicas. Montesquieu enfocaba: “A la mayoría de las personas prefiero darles la razón rápidamente antes que escucharlas”.

En nuestro terruño estamos a merced de dos cúpulas partidarias y nos hemos vuelto inermes e inertes ante sus decisiones. Qué terrible para un ciudadano estar soportando esas diatribas esperpénticas, donde solamente un séquito de acompañantes dan su asentimiento.

En mis años mozos cuando mi reloj biológico marcaba las 6 de la mañana, un catedrático en sus exposiciones planteaba: “Pensar cuesta”. Repetir paliques eso no es pensar, solo estamos disparando dardos envenenados. Miguel de Unamuno proclamaba: “Hay que sentir el pensamiento y pensar el sentimiento”. La población está cansada de filminas, pasteles, gráficas, plataformas y ese lenguaje técnico.

Tenemos muchos líderes en el país pero lo que necesitamos es un emergente, un adalid, como sinónimo de guía, conductor, que nos enseñe el camino, ya sea de derecha o de izquierda que nos diga públicamente: esta es mi hoja de ruta a seguir, sin ambages, ni escarceos, bajo un postulado de honradez, que tenga un prisma definido.

Un día de estos me hacía una sugerencia un amigo: vos que escribís, mirá, muchos le tiran al gobierno, escribí que hay que darle ideas también; me pareció atinado el recomendable. Sin ganar prebendas ni indulgencias hay que aportarles ideas al gobierno, no solo veamos el aspecto nebuloso, si le ayudamos estamos contribuyendo patrióticamente, aunque algunos se pongan cabreados o lo que le llamamos enfadados.

Lo que no gusta es que un grupo de funcionarios andan muy entusiasmados, dicen cosas que no son muy apegadas a la realidad que vivimos los salvadoreños, un poco descaminadas, se necesita un “traductor”.

Todavía existe en el país el cliché: “empresario es sinónimo de gente rica”, y ese es el encono de la polarización. Si supieran que hay empresas que son un saltimbanqui económico para sostenerse. Los organismos internacionales van a colaborar para que exista apoyo al sector privado para salir de este embrollo económico y podamos ser un país sostenible. Suenan tambores de retorno al país de nuestros hermanos lejanos debido al TPS, hay que tomarlo con mucha seriedad y propiedad. No podemos dejárselo al nefelismo como muchas cosas que no se les dio la atención debida.

Quiero ser tozudo y reiterativo, encaucemos a los microempresarios para que sean más productivos, con eso le quitamos la ilusión de emigrar y hay que canalizar nuestra energía al turismo externo e interno. Si los dos partidos mayoritarios son avispados y promueven confianza a las empresas pueden recuperar credibilidad. Porque en estos momentos están como piedras en pozo.
 

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