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Un enfermo grave

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Para manejar una extrema urgencia médica se debe: determinar qué amenaza la vida de forma más inmediata y abordar ese punto. Ejemplo: paro cardio-respiratorio, obstrucción reciente de las vías aéreas o una hemorragia profusa. Inmediatamente se aplican las medidas correctivas como la resucitación cardio-pulmonar o intubación endotraqueal o hemostasia física y medicamentosa acompañada de restitución de líquidos, etcétera, para mantener vivo al paciente. En ese crucial momento, no es tan importante la causa sino la detección y solución del problema que amenaza la vida.

Nadie duda que nuestro país está gravemente enfermo, en estado agónico; que debimos ingresarlo a máxima urgencia hace varios meses. Pero ahora debemos mantenerlo vivo sin importar mucho, de momento, las causas de su gravedad.

Es obvio que el gravísimo problema fiscal que enfrentamos impone no perder el tiempo buscando culpables. ¡Por favor, señores políticos, entiendan esto y actúen en consecuencia! Estamos obligados a tomar las medidas de emergencia que sean necesarias para no dejar morir a nuestro país. Luego, sucesivamente, se irán resolviendo los problemas: cuál es su origen, quién lo causó y, aplicando a cada diagnóstico parcial las medidas correctivas hasta eliminar finalmente los signos y síntomas, en todos los casos.

Cuando los médicos –asumiendo con humildad que no lo sabemos todo– sentimos que no tenemos los elementos totales para la resolución del caso, la mayoría lo aceptamos y llamamos a otros especialistas de la misma u otra rama, para discutir el caso y así, en conjunto, ofrecer la mejor solución a nuestro paciente (la famosa junta de médicos). La interconsulta de médicos se puede generar a solicitud del médico tratante o de la familia del paciente. Aquí, los políticos actuantes no quieren aceptar que no pueden solos y mantienen su posición inamovible aunque demuestre que están fracasando continuamente.

Los ciudadanos agrupados en diversas asociaciones ya hemos solicitado la conjunción de especialistas y tenemos sus sugerencias y recetas para los problemas. Pero si los que deben enfrentar el reto y resolverlo manteniendo a flote la economía, mejorando la seguridad y revirtiendo la carencia de empleos no reciben las sugerencias ni aplican las recetas ofrecidas, el resultado es que la agonía será más o menos larga pero nuestro país se hundirá de manera irreversible en la quiebra internacional con las consecuencias de hambre, pillaje, violencia estatal y caos social que las noticias diarias nos traen de países como Venezuela, otrora con una economía sana y muy rica.

No es momento para soluciones de tipo parche. No es únicamente con incrementos o creación de impuestos (gasolinas, IVA, artículos suntuosos) como mejorarán la situación. Se requiere altas dosis de civismo y conocimientos técnicos para encontrar las medidas más adecuadas. Tengan la valentía de reducir los salarios estratosféricos, viajes, nepotismo, gastos y plazas superfluos.

Señores de la izquierda que manejan la cosa pública y señores de la derecha en la oposición, por favor, urge que se pongan de acuerdo, por el bien del país. Como sociedad, les exigimos recetas salvadoras.

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  • crisis fiscal
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