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Un factor que incidirá fuertemente en el desarrollo

Países muy desarrollados como Japón, Alemania, Suecia, Finlandia y muchos más ponen especial empeño en la educación de la burocracia estatal, los que manejan la caldera y el motor de la maquinaria estatal.
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 Se preocupan en educarlos altamente en las materias que conciernen al manejo de los ministerios, autónomas, municipalidades y sistema de justicia, entre otros, convirtiendo la carrera de burócrata en una muy respetable. Muchas plazas son sometidas a concurso, transparente y abierto, llegan los mejores. Adicionalmente del respeto de gobierno y de la sociedad, son bien remuneradas por encima de la mesa. Hacer bien su trabajo es una carrera estable que no depende de los cambios de gobierno, por supuesto, hasta ciertos niveles. Con todo lo anterior, es una carrera codiciada y atractiva para muchos jóvenes talentosos que aspiran a una vida laboral con estabilidad.

Países con una masa crítica grande, suficientemente bien educada, con valores éticos y muy bien monitoreados para controlar las tentaciones de corrupción que siempre surgen en el Estado son un activo muy valioso para que el tren de la economía marche de manera fluida.

El contraste es el de los países poco desarrollados, como nosotros y la mayoría de América Latina, en donde el gobierno que llega ocupa las plazas burocráticas no por meritocracia, como ofreció un presidente que no cumplió, sino con cuadros partidarios que “han sudado la camiseta”, parientes, parientes de los parientes, amigos, parientes y amigos de los amigos, compañeras sentimentales y todas las aberraciones que hemos visto antes y hoy de una manera desaforada. No en todos los países, pero aquí, por testimonio de quienes laboran en instituciones, hay un numeroso contingente del “batallón Cobra”, como se denomina en el argot popular a quienes no trabajan y aparecen únicamente a cobrar su “salario” el día de pago.

No se necesita debatir mucho para concluir a cuál tipo de países les va mejor, cuáles crecen, se desarrollan y ofrecen una mejor calidad de vida a sus habitantes. Es evidente que los países del primer mundo que cuentan con una clase burocrática capaz están mejor equipados para la batalla contra la pobreza, el crecimiento, el desarrollo y para la mejor calidad de vida de sus habitantes.

Pero las cosas no se dan espontáneamente, es necesario establecer esa carrera, tanto en licenciaturas para cargos menores, como en maestrías para quienes aspiren a cargos mayores. Estas carreras proveerían a tanto estudiante que aspira insertarse en la fuerza laboral una mejor oportunidad que la de carreras sobresaturadas sin mucho mercado, como programadores en computación, abogados, economistas y otras más que se mencionan constantemente.

La teoría que exponemos es que en Centroamérica, no solo en El Salvador, una fuerte inyección permanente de burócratas bien capacitados instalada en el aparato de los Estados, puede ser unos de los factores que más rápida y contundentemente pueda influir favorablemente en el desarrollo de nuestros países.

Hace varios años propuse esa idea en la junta directiva del INCAE, la Escuela de Maestría en Administración en Alajuela, Costa Rica, ranqueada entre las mejores del mundo. Sin embargo, mi idea no encontró mucho eco en ese momento. Algún tiempo después, con un enfoque no tan agresivo como creo que amerita, ha incoado una serie de programas en esa dirección y creo que pronto veremos los resultados.

A pesar de ser miembro del Consejo Nacional de Educación (CONED) decidí exponer públicamente mi idea para que se ventile. Si agarra sentido, lo llevamos a mi amigo Carlos Canjura, ministro de Educación. Queda aquí una idea más que una propuesta formal para debatirla.

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