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Un gobierno valiente y digno para El Salvador

No conozco a Carlos Calleja. Sin embargo, conocí a varios latinoamericanos como él, miembros de las élites económicas y políticas, mientras se educaban en universidades de prestigio en los Estados Unidos.

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Carlos Jovel - Salvadoreño en  el exterior

Carlos Jovel - Salvadoreño en el exterior

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Es en estos ambientes muy lejos de casa en que usualmente se enfrentan por primera vez a la idea de privilegio (en forma de genes, cuna, posición económica o todas); el rigor de la academia, la impecable jerarquía de la razón y su humanidad les obliga más que a encontrar respuestas, a establecer preguntas, a cuestionarse el mérito propio y a empatizar con el dolor del prójimo, a construir un sentido de responsabilidad asociado a este privilegio. Esta comprometida responsabilidad talvez explica cómo una persona con la libertad, el dinero y el poder para elegir la misión en la vida que mejor le parezca, haya decidido que el mejor uso de ese poder es irrumpir en un sistema político en decadencia, poniéndose a sí mismo en primera línea y a su vida y la de los suyos en una vitrina. Una amorosa locura.

Conocí a Carmen Aída Lazo en mi último año como estudiante de la ESEN. Yo culminaba 4 años de vivir mucho y estudiar poco, y ella se estrenaba como profesora de la materia de Comercio Internacional. Se mostraba nerviosa, quizás por ello era evidente el cariñoso esfuerzo que ponía a su misión de enseñar. Mientras ella diligentemente intentaba adoctrinarme en la Teoría de las Ventajas Comparativas de David Ricardo, yo desafiaba los límites del auto boicot, confiado como siempre, que unas cuantas horas de estudio y un buen final salvarían la hora. No fue así. Su misión de educar y su respeto por las aulas venía primero. Nunca más le volví a ver o a hablar con ella.

En este artículo, este blog y quien escribe, endosan su apoyo a la candidatura de Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo como presidente y vicepresidente de El Salvador y piden a los salvadoreños hacer lo mismo. Este apoyo no está basado en el evidente fracaso del FMLN para sacar adelante al país, ni en lo nefasto que sería para El Salvador otra presidencia populista acuerpada por lo más oscuro de nuestro sistema político. Existen razones para estar optimistas y votar por ellos por convicción:

Su estoico amor por El Salvador: fue la única candidatura que salió al encuentro de los salvadoreños allí en donde ellos están. Con disciplina e ilusión visitaron cada rincón de El Salvador, escucharon más que pontificaron y vieron de primera mano el dolor y el drama del día a día de nuestro compatriota promedio. Mantuvieron un tono de madurez y serenidad ante la ofensa en un país que clama a gritos por consensos básicos. Con estoicismo y buena cara toleraron infamias, memes, burlas y pusieron la cara cuando les achacaban los actos de corrupción de otros. Con inocencia e irreverencia se tomaron los espacios que ellos mismos se abrieron y con delicadeza y madurez fueron aislándose de las figuras más corruptas y controversiales de los partidos que les apoyan. Buscaron puentes y cuando les ningunearon, volvieron a buscarlos. Entendieron que la soledad acompaña al mando, construyeron visible y genuina mística de equipo en esos momentos duros y mantuvieron la calma y el optimismo aun cuando los números no les eran favorables. Protegieron a su equipo y al país cuando la intriga y la traición les visitó –disfrazada de incapacidad– desde su propio partido. Con nobleza y hechos, nos demostraron que no se trata de ellos: la misión y El Salvador vienen primero.

Capacidad que devuelve la dignidad al cargo: es objetivamente, la fórmula más preparada para dirigir a El Salvador. Luego de dos bachilleres (uno preso y el otro prófugo) y un comandante-profesor que nos incluyó en el vergonzoso club de quienes aún apoyan las dictaduras de Nicolás Maduro en Venezuela y Daniel Ortega en Nicaragua, tener una fórmula compuesta por personas objetivamente capaces y validadas por las mejores universidades del mundo es refrescante. A diferencia de las campañas de marketing en donde uno puede hablar de aeropuertos, trenes y cualquier fantasía sin ningún pudor mientras la gente se muere de miedo y hambre, diseñar políticas públicas efectivas no es trivial: cada decisión conlleva elegir a quién ponemos adelante en la fila. Una política decente implica tener cómo justificar estos tradeoffs ante grupos de interés, es esta preparación para decidir nuestro pasaje a un mejor futuro. Adicionalmente, nuestros niños deben sentirse orgullosos de nuestros gobernantes y estos deben dignificar el cargo y a su pueblo: Calleja y Lazo son –con o sin candidatura– salvadoreños notables.

Renovados efectos de red en la administración pública: no es casualidad que el Renacimiento se haya dado en Florencia, los Beatles en Liverpool y Ronaldo y Ronaldinho en Brasil. Hay una razón por la que la innovación tecnológica suceda en Silicon Valley, el mundo de las finanzas en Nueva York y el mundo del juego y el entretenimiento en Las Vegas: esto no va a cambiar. Los seres humanos siendo seres sociales, construimos redes, que se alimentan entre sí y generan mecanismos de autoprotección. Son estas redes las que explican –por ejemplo– que el círculo íntimo de Antonio Saca haya salido casi íntegramente de ARENA para fundar GANA, para luego servir de brazo político de Mauricio Funes y ahora esté –casi íntegramente– apoyando la candidatura de la Golondrina. Estas redes –criminales– una vez enquistadas es muy difícil desintegrarlas. La candidatura de Carlos y Carmen Aída ofrece el antídoto: una oportunidad única y coyuntural de renovar la política con nuevas redes de personas, outsiders como ellos que estén dispuestos a servir al país por virtud del mensaje de meritocracia, austeridad y honestidad que han demandado. Esta campaña llena de novatez, inocencia, compromiso, determinación, capacidad pero sobre todo, amor por El Salvador, es pues, quizás la mejor versión de buenos contra malos que nuestra generación va a enfrentar, y la manera sostenible de vencer el populismo y la corrupción es las urnas.

Los salvadoreños debemos darles la oportunidad con nuestro voto entusiasta a Carlos Calleja y Carmen Aída Lazo, al compararles con las otras dos alternativas reales, no hay riesgo de equivocarse. Ellos hicieron su parte, ahora nos toca a nosotros.

Tomado del Blog República Libertad

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