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Un gramo menos para la libertad

Somos sin duda un Pueblo curioso; diariamente nos sentamos frente al televisor, periódico o redes sociales y opinamos en el anonimato sobre lo que los políticos deberían hacer, sobre la odiosa impunidad o la indiferencia de nuestros gobernantes ante las necesidades de la población; pero cuando debemos salir y exigir nuestros derechos, cuando deberíamos participar activamente, nos aconsejamos mutuamente en que lo mejor es no meterse y que lo prudente es no actuar.

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José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

José Miguel Fortín Magaña / Médico psiquiatra

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Un buen ejemplo es nuestra desidia ante el llamamiento para componer las mesas receptoras de votos. Hace poco se hizo viral el “link” para consultar si alguien deberá presentarse para conformar las referidas estructuras electorales, escuchándose con frecuencia frases de alivio si esa persona no fue llamada; o de angustia y valoración de cómo burlar el deber cívico, si se le convocó. Los salvadoreños estamos perdiendo rápidamente la libertad, no porque otros nos la arrebaten, sino por nuestra pereza social; haciendo cierto el aforismo de Burke, tantas veces repetido, de que lo único que se necesita para que el mal triunfe es que el bien no haga nada.

¡Qué gratificante resulta cuando alguien me aborda y me pregunta cómo participar activamente para cambiar lo que está mal! ¡Esos son los Seres Humanos que genuinamente están destinados a transformar al mundo!: los que no se conforman con agachar la cabeza ante la ira del tirano; los que se exponen al elevar su voz, cuando algo no está bien y lo condenan, defendiendo la verdad, a pesar del riesgo que esto conlleve. Los buenos políticos deben ser así: honrados a carta cabal; idealistas como el Quijote, pero pragmáticos como Sancho; sin miedo a exponer sus ideas, porque podría alguien molestarse con lo que se dijo, pero capaces de tolerar la crítica, sin intentar callar a quien les diga algo que les resulte incómodo; y deben ser, ante todo, humildes delante de Dios, reconociéndose simples instrumentos para el servicio del Pueblo que los eligió.

Hace unos meses, vimos a un gobierno con ínfulas de tiranía, que pretendió callar al comunicador Rafael Domínguez; como antes habíamos visto a otro presidente, intentando hacer lo mismo con el periodista William Meléndez; y en el camino hemos presenciado intentos de sabotaje sobre la libertad de expresión contra varios comentaristas radiales y contra la prensa escrita; y hoy, observamos una última embestida hacia el abogado y presentador Sergio Méndez. Uno podrá o no estar de acuerdo con el estilo o las opiniones de alguien, pero intentar callar la voz de quien opina diferente resulta un vil intento de coartar la libertad. Conociendo a Carlos Toledo, sé que con su conducción, el programa mantendrá su independencia.

El gobierno actual busca un modelo genuflexo de funcionarios y periodistas, que no cuestione ni disienta; y que prefiera la comodidad a la verdad. Si nosotros lo permitimos, si no hablamos con fuerza suficiente, se irá evaporando la libertad, de gramo en gramo. Un día, ya no oímos más las estadísticas de Medicina Legal; hoy vemos cada vez menos periodismo crítico; y pronto no tendremos una Fiscalía o Sala Constitucional independiente; y entonces, sin siquiera haberlo notado, habremos perdido la República, aquella que hoy todavía, saludamos orgullos, de hijos suyos, podernos llamar.

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