Un gran ideal

En una conferencia que daba San Juan Pablo II hace unos años en Roma, dijo: «En la época en que vivimos, frente a la llamada ‘tercera aceleración’ –que mira sobre todo al progreso de los medios técnicos y de las estructuras organizativas–, debemos plantearnos, con mayor urgencia, mirando al futuro de nuestra civilización, esta pregunta: el verdadero desarrollo del hombre –es decir, su progreso personal, su madurez espiritual y su personalidad moral– ¿tendrá lugar al mismo ritmo que el progreso de los medios técnicos disponibles? ¿De qué manera, en definitiva, dominando la faz de la tierra, podrá el hombre plasmar en ella su rostro espiritual?
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Podremos responder a esta pregunta con la expresión –tan feliz y ya tan familiar a gentes de todo el mundo– que Josemaría Escrivá de Balaguer ha difundido hace tantos años: santificando cada uno el propio trabajo, santificándose en el trabajo y santificando a los otros con el trabajo». (“La evangelización y el hombre interior”, conferencia en el CRIS, 13-X-1974: en Scripta Theologica, 1979, p. 56).

Estas verdades tan fundamentales para la santidad de todos los hombres han dado ya muchos frutos en los pocos años de vida del Opus Dei, puesto que ya son varios miles de personas que participan en los medios de formación que ofrece esta Prelatura Personal de la Iglesia Católica en los cinco continentes. Además ya hay bastantes causas de beatificación y canonización abiertas de personas –hombres, mujeres e incluso matrimonios– que se han santificado en su vida corriente, viviendo el espíritu del Opus Dei.

Esta es efectivamente la tarea que el Señor le encargó a san Josemaría Escrivá de Balaguer, cuando le pidió que fundara el Opus Dei, el 2 de octubre de 1928; y el 14 de febrero de 1930 le hizo ver que en el Opus Dei debía haber también mujeres. Más adelante, el 14 de febrero de 1943, le mostró el Señor la forma cómo en el Opus Dei debía haber también sacerdotes.

«REALMENTE ES UN GRAN IDEAL EL VUESTRO –exclamó san Juan Pablo II en otra ocasión–, que desde los comienzos se ha anticipado a la teología del laicado, que caracterizó después a la Iglesia del Concilio y del posconcilio. En efecto, este es el mensaje y la espiritualidad del Opus Dei: vivir unidos a Dios en el mundo, en cualquier situación, tratando de mejorarse a sí mismo con la ayuda de la gracia, y dando a conocer a Jesucristo con el testimonio de la vida. Y ¿qué hay más bello y más entusiasmante que este ideal? Vosotros, insertos y mezclados en esta humanidad alegre y dolorosa, queréis amarla, iluminarla, salvarla: ¡benditos seáis y siempre animosos en este vuestro intento!» (Homilía en Santa Misa para 300 profesores y estudiantes del Opus Dei, 19-VIII-1979, en L'Osservatore Romano, edición en castellano, 26-VIII-1979).

Estas ideas y otras semejantes repitió el Santo Padre en los distintos encuentros que tuvo con numerosos grupos de universitarios de todo el mundo, durante los días de la Semana Santa de bastantes años, a lo largo de su reinado en la Iglesia Universal.

Nosotros, que formamos la gran mayoría de los habitantes de la tierra, personas corrientes, con su trabajo y con su familia, con sus relaciones profesionales y sociales, de parentesco, de vecindad,... queremos contribuir a la tarea de que todas las personas se acerquen más a Cristo y contribuyan a cercar a muchas más personas.

Vamos a acudir a San Josemaría para pedirle que interceda por nosotros para que, viviendo bien nuestro cristianismo, seamos buenos instrumentos para hacer el mundo más cristiano, más humano y más feliz.
 

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