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Un hombre justo

El 19 de marzo, la Iglesia Universal celebra la fiesta de San José. Su devoción se fundamenta en que este hombre “justo” fue escogido por Dios para ser el esposo de María Santísima y hacer las veces de padre de Jesús en la tierra.
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Quizás se veneraba poco a San José para enfatizar la paternidad divina de Jesús. Pero, así todo, los Padres (San Agustín, San Jerónimo y San Juan Crisóstomo, entre otros) ya nos hablan de San José. Según San Callistus, esta devoción comenzó en el Oriente donde existe desde el siglo IV, relata también que en la gran basílica construida en Belén por Santa Elena había un hermoso oratorio dedicado a nuestro santo.

San Pedro Crisólogo escribió: “José fue un hombre perfecto, que posee todo género de virtudes”. El nombre de José en hebreo significa “el que va en aumento”. Y así se desarrollaba el carácter de José, crecía “de virtud en virtud” hasta llegar a una excelsa santidad.

En el Occidente, referencias a (Nutritor Domini) San José aparecen en el siglo IX en martirologios locales y en 1129 aparece en Bologna la primera iglesia dedicada a él.

Algunos santos del siglo XII comenzaron a popularizar la devoción a San José, entre ellos se destacaron San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, Santa Gertrudis y Santa Brígida de Suecia. Según Benito XIV (De Serv. Dei beatif., I, iv, n. 11; xx, n. 17): “La opinión general de los conocedores es que los Padres del Carmelo fueron los primeros en importar del Oriente al Occidente la laudable práctica de ofrecerle pleno culto a San José”.

San Bernardino de Siena dijo: “...Siendo María la dispensadora de las gracias que Dios concede a los hombres, ¿con cuánta profusión no es de creer que enriqueciese de ella a su esposo, San José, a quien tanto amaba, y del que era respectivamente amada?” Y así, José crecía en virtud y en amor para su esposa y su Hijo, a quien cargaba en brazos en los principios, luego enseñó su oficio y con quién convivió durante treinta años.

Santa Teresa de Jesús fue la más devota: “Tomé por abogado y señor al glorioso San José”. Isabel de la Cruz, monja carmelita, comenta sobre Santa Teresa: “Era particularmente devota de San José y he oído decir se le apareció muchas veces y andaba a su lado”.

“No me acuerdo hasta ahora haberle suplicado cosa que la haya dejado de hacer. Es cosa que espanta las grandes mercedes que me ha hecho Dios por medio de este bienaventurado santo... No he conocido persona que de veras le sea devota que no la vea más aprovechada en virtud, porque aprovecha en gran manera a las almas que a Él se encomiendan... Solo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no le creyere y vera por experiencia el gran bien que es encomendarse a este glorioso patriarca y tenerle devoción...” –Sta. Teresa.

San Alfonso María de Ligorio nos hace reflexionar: “¿Cuánto no es también de creer aumentase la santidad de José el trato familiar que tuvo con Jesucristo en el tiempo que vivieron juntos?”

José durante treinta años fue el mejor amigo, el compañero de trabajo con quién Jesús conversaba y oraba. José escuchaba las palabras de Vida Eterna de Jesús, observaba su ejemplo de humildad, de paciencia, y de obediencia, aceptaba siempre la ayuda de Jesús en los quehaceres diarios.

San Josemaría Escrivá –fundador del Opus Dei– ha dicho: “San José, hijo mío, es la criatura humana más excelente después de Santa María”.

Pidamos ayuda al Santo Patriarca para ser como él.
 

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