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Un horizonte posible: El Salvador sin pobreza

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Carlos Guzmán Coautor de “El país que viene”

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Si queremos erradicar la pobreza extrema, es tiempo de intentar nuevos mecanismos y soñar en grande.

Si la pobreza puede definirse como la falta de recursos económicos para adquirir bienes y servicios, entonces la provisión de una cantidad suficiente de recursos constituye una medida directa para atender este problema y resolverlo de una vez por todas. Erradicar la pobreza es posible a través de una renta básica mínima entregada a las familias que viven en extrema pobreza.

La propuesta no es una locura y la literatura advierte al menos tres aspectos favorables de este planteamiento.

Primero: existe un consenso ideológico y filosófico sobre la idea de la renta básica. Esta propuesta ha recibido elogios de ambos lados del espectro ideológico. Los partidarios de izquierda favorecen esta medida como una garantía de condiciones dignas para las personas, dado que muchas veces los sueldos no son suficientes; mientras, los partidarios de derecha la consideran como un reemplazo de la excesiva burocracia de las intervenciones sociales (Bregman, 2016).

Segundo: es una medida eficiente para erradicar la pobreza puesto que al brindar una cantidad de dinero a las personas, atiende directamente este problema en sentido monetario e incluso brinda otros beneficios en años de educación, indicadores de salud y calidad de vida (Segal, 2016). Esta medida sería de gran ayuda para los hogares que sufren la pobreza crónica y que no pueden salir del círculo de la pobreza.

Tercero: esta medida atiende los efectos psicológicos de la pobreza. Recientes estudios sobre la escasez material han confirmado que la pobreza afecta la capacidad cognitiva de las personas. Mullainathan & Shafir (2013) descubrieron que la escasez exige tanta concentración que reduce la posibilidad de atención en otras cuestiones importantes, e incluso reduce varios puntos en los exámenes de coeficiente intelectual. En otras palabras, si las familias dedican buena parte de su día a encontrar comida para cenar, difícilmente tendrán tiempo para pensar en la educación universitaria de sus hijos. De manera que al brindar una renta mínima suficiente y constante, aumentan las probabilidades de tomar mejores decisiones e incluso en el caso de hogares liderados por mujeres también genera un efecto de empoderamiento a las mujeres en su comunidad.

¿Cuánto costaría esto en El Salvador? Según cifras oficiales, en el país unos 140,000 hogares se encuentran en pobreza extrema, situación definida como un hogar que vive con carencias extremas e ingresos menores al costo de la canasta básica alimentaria. Serían cientos de millones de dólares al año, pero sería posible obtenerlos reorientando algunos programas sociales existentes, aplicando medidas de austeridad o incluyendo nuevas medidas tributarias. En todo caso, los costos financieros son superados al valorar los efectos positivos de liberar de yugo de la pobreza a miles de familias salvadoreñas.

En 2021 El Salvador cumplirá 200 años de independencia y habrá muchas celebraciones y alegorías al respecto. Por tanto, propongo que esa celebración sea la coyuntura ideal y una oportunidad para articular un verdadero “horizonte común” que nos incluya a todos. Mi sueño es que al erradicar la pobreza extrema, todas las familias salvadoreñas sean libres de alcanzar sus sueños y construir un mejor país y así nos sintamos orgullosos de esta patria y de sus hijos podernos llamar.

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