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Un minuto de silencio...

No sé bien qué fue. Pero algo se murió el día que la Federación Salvadoreña de Fútbol anunció la suspensión temporal de 22 jugadores que en algún momento han sido parte de la selección nacional y que debieron lucir con orgullo los colores azul y blanco. La medida fue tomada porque están bajo investigación por haber vendido partidos.
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No sé si fue la ilusión, el patriotismo, la confianza, la necesidad de ídolos, la fe en la humanidad, el deporte, el entretenimiento, la vía de escape. No sé si fue algo de eso o todo a la vez. Pero lo cierto es que para los que aman a la selección nacional este ha sido un golpe bajo, una estafa. Esos que ahorran durante semanas para pagar una entrada al estadio, que en el exterior piden permiso en sus trabajos, dejan de ganar el pago diario, recorren kilómetros solo para encontrarse con una masa azul y cantar el himno nacional, como en casa. Para quienes esperan con ilusión que la selecta juegue, todo lo que pasa es una burla.

Tampoco es bueno para quienes han despotricado siempre contra ella, para quienes los llaman desde siempre “buenos para nada”, “vagos”, “maletas”, “farsantes”, entre otros. Ahora, si se confirman las acusaciones, también los pueden llamar vendidos. Pero para este grupo es todavía peor, porque tener la razón implica que estamos en un país en lo que ya hay poco en qué creer.

Mucho he oído en estos días del porqué de la indignación por amaños en partidos, si hay amaños todos los días en el ámbito político. No tengo la respuesta correcta, pero creo que a lo otro estamos más acostumbrados. Lo otro no nos extraña. Pocos políticos de este país podrían ser considerados ídolos (o ninguno). Además de que puede que estemos acostumbrados, pasa que mucha gente en este país vive en una burbuja, pasa de ver noticias, pasa de hablar de política, y pasa de enterarse del entorno. A veces por simple desidia, a veces porque están hartos. Pero del fútbol la gente oye, habla, lee, comenta, aunque no le guste. Allí todavía hay ídolos –no digo que sea correcto–, suponen ser, como dije en una columna anterior, modelos para nuestros jóvenes.

No es raro que la juventud en este país se sienta tan perdida, si no tiene modelos para seguir, no hay guías, ni líderes, ni buenos ejemplos.

¿Quién impulsa a estos jóvenes? ¿Quién les ayuda a encontrar el camino correcto si en esta sociedad tan descompuesta un buen porcentaje no cuenta con el apoyo de una figura masculina?

Y seguro el pensamiento de muchos es el que me dijo un amigo en una charla de esta semana: “En este país todo amañan, ¿por qué los jugadores iban a hacer algo diferente?”.

Y es triste que sea así. Lo que realmente nos debería preocupar es el nivel de descomposición que vivimos como país. ¿Dónde ponemos las esperanzas del futuro? No se ve en la política, no se ve en la economía, y ,ciertamente, hoy por hoy tampoco se ve en el deporte rey, que aunque hay otros, es el que más mueve masas.

El fútbol está en crisis en este país desde hace años, no hay seguridad en los estadios, no se llenan, no hay transparencia en lo que tramitan. Ahora es el tiempo de sacudirse todo lo malo y rearmar el fútbol, eso mismo deberíamos intentar hacer con todo el país, pero pasivos en la silla, sin acceso a información, poco vamos a lograr.

Tags:

  • fútbol
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