Un nuevo año se inaugura y hay que entrar en él con una apuesta clara por la convivencia y la solidaridad

Si algo trastorna la convivencia es el auge delincuencial, que cada día se ha vuelto más incontrolable. El crimen le ha declarado la guerra a la autoridad, y en medio está la ciudadanía sufriendo las consecuencias.
Enlace copiado
Enlace copiado
El paso de un año a otro es un símbolo reiterado de lo que es el proceso natural de la vida tanto personal como colectiva; y por ello hay que utilizar el cambio de año como una plataforma para visualizar la evolución en perspectiva, a partir de los datos que la misma realidad va aportando constantemente. En el caso de El Salvador, dicha posibilidad se vuelve un imperativo, porque hay una deuda histórica creciente con la funcionalidad del país como tal, y por ende ya no es hora de proponerse proyectos menudos, sino momento de emprender el gran proyecto de nación, que abarque todos los desafíos que siguen pendientes.

Hemos destacado la convivencia y la solidaridad como tareas fundamentales en el año que comienza porque en esas dos áreas está la base del esfuerzo que se necesita para que la estabilidad y el desarrollo posibiliten prosperidad en todos los sentidos y para todos los salvadoreños. Se viene hablando, sobre todo en las encuestas de opinión ciudadana, de rumbo de país; y lo que se manifiesta constantemente en ellas es la percepción que tiene la gente en el sentido de que vamos por el rumbo incorrecto. Dicha percepción no es de hoy, pero parece que siempre cae en oídos sordos. No puede ser gratuito que los ciudadanos le den ese calificativo al rumbo que llevamos; y los políticos, en primer lugar, deben comprometerse a realizar las rectificaciones del caso, más allá de cualquier atrincheramiento ideológico.

Si algo trastorna la convivencia es el auge delincuencial, que cada día se ha vuelto más incontrolable. El crimen le ha declarado la guerra a la autoridad, y en medio está la ciudadanía sufriendo las consecuencias. Eso hay que cortarlo por lo sano, para que la sociedad pueda ir recuperando la normalidad que progresivamente se ha perdido. Y para ello también es indispensable trabajar en serio y a fondo por la restauración de valores en todos los niveles sociales. La paz y el respeto brillan por su ausencia, y en tanto las cosas sigan así no habrá forma de asegurar progreso efectivo.

En lo que a solidaridad se refiere, lo que en este nuevo año tendría que impulsarse decididamente es la inversión social, no sólo pública sino también privada. El Estado tiene serios problemas de financiamiento, y para disponer de más fondos invertibles debe reordenar el gasto con disciplina estricta. Gastar sólo en lo necesario e invertir en lo fundamental. Se tendrá que controlar el asistencialismo y enfocarse en el mejoramiento real de las condiciones de vida de la población. Ir por esa línea no acarrea simpatías fáciles, pero sí puede garantizar efectos consistentes de progreso; y esto último es lo que debe buscarse para que el país, como sociedad plural y democrática, cumpla con todos sus objetivos básicos.

Hay mucha labor por hacer, y nadie puede hacerse el desentendido sin volverse a la vez responsable por lo que pase y continúe pasando. Pero siempre se está a tiempo de asimilar lecciones que permitan consolidar lo beneficioso y rectificar lo erróneo. La voluntad integradora tiene que empezar a prevalecer.

Es cuestión de proponérselo en serio y de manera sistemática. Si nos deseamos en verdad un próspero y feliz Año Nuevo tenemos que convertir inmediatamente dicho deseo en un compromiso de hacer las cosas bien y a cabalidad desde el primer día. Los salvadoreños, después de tantas pruebas y de tantos quebrantos, merecemos que sea así en los hechos. Feliz Año Nuevo, pues, en los hechos.

Tags:

  • delincuencia
  • 2015
  • estabilidad
  • prosperidad

Lee también

Comentarios

Newsletter