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¿Un nuevo enfoque y una nueva era de El Salvador con Washington?

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Alberto Arene

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"Una nueva era en El Salvador" tituló el presidente electo (PE) Nayib Bukele su discurso en Washington con el que inauguró y sentó el tono de su exitosa visita. Su narrativa se enmarcó en el nuevo contexto internacional y en lo que Washington deseaba oír respecto a uno de los temas más importantes, no solo de su política internacional sino nacional. Tanto el contenido de su discurso como la forma clara, sencilla y llena de pragmatismo y sentido común le abrieron las puertas a una relación con muy buen punto de partida. Una nueva era para El Salvador pasa por un nuevo enfoque y una nueva era de nuestra relación con Washington, a la que se introdujo Bukele con considerable efectividad.

El final de los gobiernos del llamado eje del ALBA está llegando a su fin, con la desastrosa secuela de corrupción, crisis económica, social y humanitaria de la dictadura venezolana. Pero los gobiernos de derecha de dos y tres décadas atrás no han sido ningún ejemplo. Independientemente de su signo ideológico, los cuatro Estados del norte de Centroamérica han fracasado en darle a sus pueblos seguridad y prosperidad, creándole sostenibilidad al éxodo de su población, sin asumir sus élites políticas la responsabilidad por semejante barbaridad histórica.

Dos décadas después, Estados Unidos se dio cuenta –finalmente– de que la corrupción, la debilidad institucional y los malos gobiernos son los grandes obstáculos para enfrentar la migración al norte y sus dos causas principales, la violencia-inseguridad y la postración económico-social. Dejados a su buena suerte, sin gobiernos honestos y capaces, y sin el apoyo sostenido de Estados Unidos, estos emproblemados Estados casi fallidos no podrán salir adelante.

El debut internacional del PE en México y Estados Unidos y su discurso en la Fundación Heritage se inscriben en este nuevo contexto internacional y regional, introduciéndose con un nuevo enfoque y una nueva y sencilla narrativa y de tanto sentido común que nadie antes había pronunciado y que tanto clic hace en estos días en Washington. Aunque a muchos también nos hubiera gustado referencias a la tragedia de las caravanas y a la angustia de miles de niños y padres en la frontera.

Algunas de sus afirmaciones más relevantes fueron: 1. La relación de El Salvador con Estados Unidos se ha erosionado en los últimos 10 años. Queremos ser socios y amigos. 2. No queremos ser ayudados, queremos hacer negocios con ustedes. 3. Ninguna (de las medidas antimigración) trabajará como las que desarrollen oportunidades y seguridad en los países donde la migración se origina. 4. Nos comprometemos a terminar la migración antes que terminen nuestros 5 años de gobierno. 5 Estamos comprometidos a parar cien por ciento el tráfico de drogas que viene a través de El Salvador a Estados Unidos. 6. La vergüenza más grande que pueda tener un país es que su propia población huya. El presidente López Obrador y yo acordamos que no podemos permitir que esto suceda más.

Por más de dos décadas, los cuatro países centroamericanos se acostumbraron al statu quo de la violencia, el estancamiento y la migración resultante, sin crear condiciones y esperanzas de que un cambio era necesario y posible. El discurso del presidente electo se rebela y rompe con esta tradición instalada y agotada en nuestros países y en Washington, apartándose del enfoque tradicional de los presidentes y políticos salvadoreños y centroamericanos.

El centro de la estrategia y el discurso de López Obrador y de Bukele pasa de las caravanas y la frontera con Estados Unidos a la seguridad y prosperidad en el sur de México y el norte de Centroamérica. De dejar que la válvula histórica de escape de las migraciones "resuelva" el problema continuando con el éxodo de centenas de miles de centroamericanos, a crear seguridad y oportunidades a nuestra gente para que no se vaya más. Un cambio radical de enfoque, de estrategia, y de narrativa.

El gran desafío será llevarlo a la práctica, lo que conlleva una profunda y sostenida transformación en los modelos de desarrollo y de conducción de la política, el gobierno y el poder. Y un profundo cambio de Washington, priorizando el apoyo sostenido al plan de desarrollo para la transformación del sur de México y el norte de Centroamérica.

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