Un nuevo liderazgo para la transformación de El Salvador

Necesitamos estadistas y un nuevo liderazgo, imperativo mayor de la nación salvadoreña.
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El colectivo de representantes electos de los Estudiantes de Ciencias Sociales de la Universidad de El Salvador me invitaron ayer en la mañana a impartir una conferencia en la inauguración del nuevo ciclo académico, titulada “Un nuevo liderazgo para la transformación de El Salvador”. Este es el gran tema cuya importancia será cada vez mayor en la medida que los crímenes y corrupciones del pasado y del presente salgan plenamente a la luz, y que se profundice la crisis social y de seguridad, el estancamiento económico y la insostenibilidad de la deuda pública y sus devastadores efectos sociales. Y lo será, en la medida en que diversos sectores de la vida nacional tomen mayor conciencia de que la crisis que padecemos es profunda y estructural, que el país no tiene ahora viabilidad y futuro, y que requiere de una nueva visión y estrategia compartida y sostenida de desarrollo de mediano y largo plazo para sacarlo de semejante estado. Imperativo es el surgimiento y desarrollo de un nuevo liderazgo que impulse, sin tregua ni pausa, la transformación progresiva de El Salvador, desde ahora hasta concluir la primera mitad del siglo XXI.

Como afirmamos en nuestra columna antepasada: “El liderazgo nacional que detentó el poder en los sesenta y setenta nos condujo progresivamente a la guerra de los ochenta; y el que lo detentó en el cuarto de siglo de la posguerra nos condujo progresivamente a la guerra de nuevo tipo que hoy lidera el crimen a nivel mundial, y la postración económica y social en Centroamérica” (LPG, 4.2.2016).

En efecto, buena parte del liderazgo político actual sigue siendo el mismo que condujo la guerra y la posguerra, teniendo una responsabilidad compartida en la configuración de la tragedia salvadoreña contemporánea, un cuarto de siglo después de haber concluido la guerra con sus horrores y sus nefastas consecuencias, con su legado de decenas de miles de muertos y lisiados, centenas de miles de desplazados internos, y millones de compatriotas en el éxodo histórico de nuestra población al exterior.

Por eso afirmamos: “La observación histórica comprimida del último medio siglo identifica el problema principal de nuestro país en la incapacidad del liderazgo nacional para construir y sostener la paz, la convivencia y el desarrollo, unificando al país con un proyecto de futuro”.

Este proyecto de futuro necesita un nuevo liderazgo para conducir un país con la crisis social, de seguridad, económica y ambiental más profunda de la historia moderna, en un mundo totalmente diferente al de hace cuatro décadas cuando se profundizó la crisis política y social cuyo desenlace fue la guerra.

El viejo liderazgo que todavía conduce el país no se caracteriza por su ética, ni por su preparación y conocimiento; ni por su compromiso con la institucionalidad democrática y el fortalecimiento de sus instituciones y la separación de poderes; ni por su visión y el impulso de una estrategia compartida de desarrollo de mediano y largo plazo; ni por su convicción y compromiso con la unidad de la nación y el impulso del diálogo, la concertación y la prevención y resolución de conflictos; ni por su conocimiento de las nuevas realidades del mundo y su interlocución y credibilidad con los liderazgos internacionales; ni por su compromiso y capacidades para transformar el Estado y sus débiles y atrasadas instituciones; ni por su conciencia y conocimiento de las dimensiones de la crisis histórica y estructural que padecemos.

Su fotografía del país y del mundo tiene un rezago entre dos y cuatro décadas, cuando más requerimos enfrentar el presente y planificar el avenir a partir de las tendencias y escenarios principales en la configuración del futuro.

Algunas de las principales características de este nuevo liderazgo son: 1. Su ética a toda prueba y su compromiso con el fortalecimiento de la institucionalidad que impida o minimice la corrupción, el tráfico de influencias y el desfalco del Estado salvadoreño. 2. Su compromiso con el respeto a los derechos humanos, los valores y el sistema democrático de la república. 3. Su compromiso y capacidades para despolarizar y unificar a la nación dividida, impulsando el diálogo, la prevención y resolución de conflictos, y el entendimiento, la concertación, la cooperación y las alianzas de los ciudadanos y sectores diversos. 4. Su conocimiento de los grandes problemas estructurales del país y de las grandes soluciones requeridas. 5. Su conocimiento y relación con nuestra población en el exterior concebida como parte de la nación y de la creación del futuro compartido. 6. Su visión, compromiso y estrategia para liderar el desarrollo sostenible y la integración de Centroamérica. 7. Su conocimiento de las realidades del complejo mundo globalizado y de la revolución científico-tecnológica, y la capacidad de lograr los mayores niveles de cooperación técnica, científica, cultural, económica y comercial, maximizando el apoyo político estratégico a la transformación y viabilidad nacional. 8. Su compromiso, visión y capacidades para el impulso de la transformación social y medioambiental del país. 9. Su conciencia y capacidades para la gestión del tiempo y sus resultados, para la recuperación de tantas décadas perdidas y la construcción acelerada del futuro. 10. Su visión y destrezas para transformar el vetusto aparato estatal en un Estado Emprendedor que fomente y desate la generación acelerada y sostenida de riqueza y su mejor distribución.

Necesitamos estadistas y un nuevo liderazgo, imperativo mayor de la nación salvadoreña.

Tags:

  • sostenibilidad
  • deuda publica
  • crisis
  • futuro
  • liderazgo
  • guerra

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