Un país con derecho a futuro

Se terminó la campaña, las elecciones y el narcisismo. Las promesas vanas quedaron en la historia y habrá que retornar a la realidad de un país que lucha por sobrevivir.
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Esta vez quiero ser preciso y enfático, después de las elecciones a diputados y alcaldes. El Salvador solo podrá tener futuro si como ciudadanos adoptamos una actitud de amor al prójimo; sentido de pertenencia país del poseedor de capital sin perder de vista su objetivo de obtener ganancias, y responsabilidad, probidad y honestidad del político. En adicción se necesitará de programas masivos e intensivos hasta generar una efectiva cultura. Basta de tonterías, si eso es imposible, el país jamás saldrá del subdesarrollo

Cuando este artículo se publique la fiesta del reparto tal vez no habrá comenzado por el insólito retraso de resultados y solo existirá el sueño de flamantes funcionarios con sus acreditaciones, después de haber jurado servir al país y que alguien les dirá, “caso contrario que la Patria os lo demande”. El mismo sonsonete, la misma prosa y el país esperando soluciones.

Preocupa que la imaginación y la creatividad se utilicen en la promoción de la persona para que esta asuma un poder, lo cual no sería anormal si este se usara para beneficio de la colectividad y no para provecho personal. Todos o casi todos los ciudadanos, la mayoría incultos, votan con la esperanza de que los nuevos gobernantes faciliten el desarrollo de un país con escaseces vitales para un crecimiento, por lo que la voluntad política y el espíritu de servicio son los ingredientes necesarios que se requieren del futuro “funcionario público”.

El calificativo de público lo acredita y obliga al mismo tiempo a ser honesto. Señores políticos convertidos en funcionarios, no olviden que asumen una responsabilidad ciudadana y no un derecho particular. Tienen que entregar todo su esfuerzo y agotar todas sus facultades y las posibilidades de generar las condiciones para que este país tenga la opción del desarrollo. El enriquecimiento particular debería de ser sujeto de una severa penalización, puesto que con la corrupción y la malversación le restan a la escasez.

Nunca antes había experimentado la necesidad de hacer un llamado a los lectores, de que asumamos una responsabilidad ciudadana de velar por el buen uso del erario nacional y que nos responsabilicemos de pagarle al gobierno lo que nos corresponde: “al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. También deben recordar esa imperiosa responsabilidad “que el ciudadano asume de acuerdo con el conocimiento que tiene de cuáles son sus derechos y obligaciones cívicas y culturales en la sociedad que lo cobija y a la cual pertenece”.

La ciudadanía ejerció el voto. Se recogió la opinión sincera e inocente de la mayoría de quienes quieren sean sus representantes. Dios mediante esta vez no exista la frustración de que las cosas siguieron igual o empeoraron después de haber votado por la esperanza de un mejor país. Aunemos esfuerzos por que eso no suceda y tengamos fe en que alcanzaremos gradualmente una mejor nación.

Las futuras generaciones tienen derecho a una mejor calidad de vida y habrá que impedir que la corrupción del presente embargue el futuro. Sin temor a ser reiterativo, porque es lo que procede cuando los políticos no quieren escuchar, se necesita reinventarse, nacer de nuevo y eso solo se logra educando integralmente a los que hoy nacen para que sean cultos y creativos cuando alcancen los 25 años. Empecemos a construir el futuro de este país.

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  • elecciones 2015
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